Lo mejor del cine argentino 2007. La prueba fehaciente que, si hay ingenio e inventiva, los recursos económicos pueden fácilmente adaptarse al imaginario que uno pretende plasmar en pantalla.

★★★★★ Excelente

La antena

Esteban Sapir comenzó su recorrido cinematográfico como director de fotografía en los dos cortos dirigidos por mujeres (Rey muerto, de Lucrecia Martel, y Noches áticas, de Sandra Gugliotta) que formaron parte de la primera edición del vehículo Historias breves, piedra inaugural del denominado Nuevo Cine Argentino. Posteriormente estrenó su ópera prima, Picado Fino (realizada en 1993, estrenada cinco años más tarde), que constituyó una de los primeros acercamientos del cine argentino al género experimental, con enormes resultados. Comenzaba a iluminarse una de las voces más audaces de la nueva generación de cineastas. A esta película le seguiría una vasta y versátil carrera como director de fotografía en numerosas y disímiles propuestas visuales, como El nadador inmóvil, de Fernán Rudnik (con un blanco y negro contrastado), Cohen vs. Rosi, de Daniel Barone (con su predominancia del azul como consigna estética principal, algo poco común en este tipo de grotescos), y Tesoro mío, de Sergio Bellotti, (con sus colores saturados). Esta amplia trayectoria de diez años en el mundo del cine, más su trabajo como director publicitario, decantó en La antena, la apuesta visual más ambiciosa e imaginativa del cine argentino en muchos años. Construida a base de una multiplicidad de referencias, desde el cine mudo en general, y el expresionismo alemán y Georges Mélies en particular, hasta el cómic (ejemplos de esto son la abstracción en los contrastes blanco y negro de figura/fondo alla Sin City, y la desbordada caracterización de Urdapilleta, que recuerda a Al Pacino/Big Boy Caprice en Dick Tracy), pasando por imágenes particulares como el “plano Rosebud” de Citizen Kane. Pura referencia que, lejos de quedarse en la cita celebratoria, logra integrar todos estos elementos en un texto único, con identidad y voz propias. La antena, desde su planteo futurista, desarrolla una contundente alegoría política con ciertas aristas de orden religioso.

Respecto a esto último, cabe destacar que la referencia al judaísmo aparecía con mayor naturalidad en Picado Fino, aquí se reduce al mero esquematismo simbólico, con la cruz esvástica como forma de la maquinaria del mal, y el Maguen David (el escudo de David), como forma que contiene la salvación. La alegoría política, en cambio, se impone con mucha más fuerza, y en este aspecto, podemos asociarla con Filmatron, primera gran apuesta de Farsa Producciones. Ambas fueron exhibidas por primera vez en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires de 2007, y ambas se destacan tanto por sus similitudes como por sus diferencias. Si bien La antena y Filmatron son relatos de ciencia ficción, con un trasfondo netamente orwelliano, y con una fuerte crítica al poder hipnótico y opresivo de la televisión, el desparpajo de Filmatron contrasta claramente con la minuciosa planificación visual de La antena, logrando ambas destacarse como propuestas cinematográficas de avanzada. A mi gusto, ambas constituyen, por lejos, lo mejor del cine argentino estrenado durante 2007. El fuerte contenido político/ideológico que se traduce del discurso alegórico de ambas películas, convirtiéndolas en dos caras de una misma moneda, no parece casualidad (da para pensar qué es lo que sucede en Argentina hoy por hoy, que provoca la gestación de estos discursos), y el complejo espesor ideológico demuestra que la alegoría como texto no es propiedad exclusiva de épocas de dictadura. La antena, narrada como un cuento de hadas (la secuencia inicial y final, con la máquina de escribir como piano y la imagen troquelada de la ciudad, son sencillamente fabulosas), trazadas por una inventiva visual que se plasma hasta en la forma en que los subtítulos interactúan con las imágenes, y en la hermosa partitura compuesta por Leo Sujatovich, conforma en todos sus aspectos una de las películas argentinas más originales surgidas en los últimos años. La prueba fehaciente que, si hay ingenio e inventiva, los recursos económicos pueden fácilmente adaptarse al imaginario que uno pretende plasmar en pantalla. Y a Sapir, ingenio e inventiva son cosas que le sobran.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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