El cine de Arcand jamás renuncia a su intención de decir, y sobre todo, pierde todo criterio en esa compulsión por decir, por bajar línea sobre ciertas cuestiones.

★★☆☆☆ Mediocre

La Edad de la Ignorancia

Denys Arcand apela a un dicho de Hollywood para hablar del “mensaje” de sus películas: “Si tienes algo que decir, manda un telegrama”. Sin embargo, lejos de ese espíritu, el cine de Arcand jamás renuncia a su intención de decir, y sobre todo, pierde todo criterio en esa compulsión por decir, por bajar línea sobre ciertas cuestiones. Quizás el mayor problema en el discurso de Arcand, particularmente en La edad de la ignorancia, sea la extrema simpleza de su decir. Jean-Marc sueña constantemente con otras vidas, pero sus sueños se muestran tan patéticos como su vida cotidiana. Ejemplo de esto son sus sueños eróticos, resueltos todos con los mismos diálogos y situaciones. Lejos de establecer un criterio homogéneo, lo que provoca esto es un achatamiento, no solo de la vida de Jean-Marc, sino también de sus banales aspiraciones.

Lo que sucede en su trabajo no se aleja de esto. Para reforzar la idea de patetismo de Jean-Marc, se lo muestra siempre oyendo, desde su despacho, las desgracias ajenas. No conforme con esto, Jean-Marc termina por explicitar este disgusto con su trabajo de la manera más obvia y previsible, primer signo de la forma en que después terminaría por rebelarse ante todos los aspectos de su miserable existencia. Y para agregarle un poco de dramatismo, lo tenemos sufriendo por la agonía de su madre. Algunos elementos directamente, no se explican, como cuando Jean-Marc se ducha con una de las mujeres de sus fantasías, quien al aparecer desnuda, dice: “Perfecto para los censores americanos”, frase supuestamente ingeniosa y solamente explicable dentro del discurso de Arcand, pero carente de toda coherencia en la historia. Sólo la excelente actuación de Marc Labrèche consigue salvarse al equilibrar todos los elementos de esta propuesta, excesivamente infantil, y carente de un mínimo de profundidad narrativa. Como mínimo, Arcand debería entender que los sueños ya no son tan obvios, ni siquiera dentro de los parámetros de Hollywood.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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