Cabe preguntarnos qué está haciendo Hollywood con las actrices de cuarenta.

★★☆☆☆ Mediocre

Mi novio es un ladrón

De esta película saltan a la vista algunos elementos. Que el eterno acento extranjero de Banderas lo ha relegado a perpetuidad al papel de amante latino en Hollywood, en sus pocas variantes. Que a Colin Hanks le faltan un par de lecciones de su padre Tom, aunque va por buen camino. Y sobre todo, la peor noticia, que Meg Ryan destrozó su rostró con las mismas cirugías que Nicole Kidman, lo cual cabe preguntarnos qué está haciendo Hollywood con las actrices de cuarenta, que deben someterse al patético papel de madres cuarentonas con rostro de veinteañeras (y en este apartado podemos incluir a Melanie Griffith, la mujer de Banderas, a quien últimamente vemos muy poco en cine).

Para la gran industria las mujeres no deben envejecer, al menos hasta ser lo suficientemente viejas como para hacer de abuelas, lo cual repercute en el papel de madre rejuvenecida, bastante ingenua y torpe, que le ha tocado en este caso a la otrora bella Meg Ryan. El resto, una sucesión de escenas convencionales, algunos momentos graciosos (las constantes humillaciones que sufre Henry en su trabajo por las alusiones a su sexy madre), gags reiterados hasta el hartazgo, previsibles vueltas de tuerca sobre el final, y nada más.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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