Henry Fool ya evidenciaba que en el mundo que nuclea a estos personajes puede ingresar cualquier elemento y suceder cualquier cosa. El problema es que su secuela parecería girar sobre el vacío de este mismo giro.

★★☆☆☆ Mediocre

Fay Grim

Fay Grim es la secuela de la reconocida película independiente Henry Fool, realizada diez años atrás por Hal Hartley y el mismo elenco. Las similitudes entre aquella y esta se reducen a la continuidad de la historia y los personajes, las diferencias, en cambio, son abismales. Henry Fool, si bien posee ciertas lamentables disgresiones escatológicas, basa su fuerza dramática en las relaciones, en su mayoría atravesadas por la naturaleza impulsiva, no solo del propio Henry Fool, sino de la mayoría de los personajes secundarios. En Henry Fool hay un relato, un tanto descomunal (en sus casi dos horas y veinte minutos, la historia avanza mucho más allá de la línea argumental principal, pasan los años, se desarrollan ciertas subtramas, y tiende al desborde en su última hora), pero transparente.

En Fay Grim, parecería que lo único relevante que ha quedado son las dichosas confesiones de Henry Fool. Si en la primera, la permanente presencia en plano del enigmático Fool con su supuesta obra maestra potenciaba el misterio, aquí ese misterio se pierde por su fastuosa construcción sobre la constante ausencia, de Fool y de su obra. Los escritos se colocan en el lugar del macguffin hitchcockiano, es decir, como un elemento que sirve como excusa argumental, pero carece de relevancia por sí mismo. En palabras del propio Hitchcock: “En historias de rufianes siempre es un collar, y en historias de espías siempre son los documentos”. En este caso, los documentos en cuestión son las confesiones de Henry Fool, y el cuerpo de la película, un film de espías, con algunos momentos virados por completo a la comedia, una tendencia constante a la ironía y el sarcasmo, que ya aparecía en ciertas actuaciones estereotipadas de la primera (que se repiten en esta) y en el paródico aprovechamiento del subgénero de espías.

Sin embargo, más allá de ello, solo podemos ver un refinamiento en los recursos que aparecían algo dispersos en el film original, de la historia solo queda un envase (inteligente y con correctas actuaciones, especialmente las de Parker Posey y Jeff Goldblum) que tiende a volverse indescifrable en el juego entre el cine de espías y la comedia, especialmente cuando termina inclinando la balanza hacia una de estas aristas, dejando la otra de lado y dejando también ese mismo juego al que nos acostumbra desde el inicio de esta secuela. Hartley juega y juega mucho, Henry Fool ya evidenciaba que en el mundo que nuclea a estos personajes puede ingresar cualquier elemento y suceder cualquier cosa. El problema es que su secuela parecería girar sobre el vacío de este mismo giro, tanto en los desbordados diálogos, como en la sustancia que parecería formarse sobre las confesiones de Fool. De la propuesta queda solo un gesto carente de contenido, sustancia de la insustancia.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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