El grueso de las comedias americanas de hoy en día apuntan claramente al perdedor o “loser” como el héroe con el que todos, de alguna u otra manera, podemos identificarnos. Basta destacar dos nombres del equipo detrás de No tan duro de pelar: Judd Apatow y Seth Rogen. El primero, productor de esta y guionista y director de varias (Virgen a los 40, Lío embarazoso) y el segundo, guionista de esta y de otras (Supersalidos), y actor de muchas (las mismas dirigidas por Apatow, mas Supersalidos y El reportero, entre otras comedias), conforman una dupla, a esta altura, difícil de ignorar. Ambos se acoplan a la larga lista de comediantes americanos que constantemente se inclinan hoy a favor del perdedor, el antihéroe, el indefenso.
Las mencionadas en el historial de ambos talentos son claros ejemplos de ello, y de este rubro podemos extraer otro apartado que es el de los adolescentes perdedores, apartado que incluye a la mencionada Supersalidos, pero también a otra comedia, Escuela de rock, que poco tiene que ver con esta, salvo en la idea de mostrar a las autoridades que rodean al niño o adolescente, léase padres y docentes, como personas completamente ajenas o para nada comprensivas con las problemáticas que los aquejan. Allí estaba Jack Black, para infundirles a los chicos un espíritu rocker, y aquí está Owen Wilson/Drillbit Taylor, para defender a los pobres adolescentes con alma de perdedores, de los constantes abusos perpetrados por el pendenciero Filkins. La trama, por ende, no es tan original y no dista mucho de otras comedias, pero el vínculo que establece el chanta profesional de Drillbit Taylor con el pobre trío de adolescentes, que cree haber contratado a un experimentado soldado para salvar sus pellejos, junto con algunas escenas en particular, como aquella en la que Ryan desafía a Filkins a un duelo de hip hop, o el esperado clímax, con el combate cuerpo a cuerpo del trío contra la dupla de violentos, la convierten en un film por demás simpático, y a Drillbit Taylor en un héroe (a su pesar) al que todos hubiéramos querido tener de amigo en la secundaria, aún siendo un descarado estafador y malviviente. No tan duro de pelar está muy lejos de las mejores comedias de Owen Wilson (para eso está Wes Anderson, aunque eso ya es otro cine), sin embargo, dentro del estándar de comedias actuales, gana por su notable frescura y simpatía, cualidades que son una constante en la obra de la mencionada dupla Apatow/Rogen.
