Con La Joven del Agua pasó algo tremendamente curioso, a pesar de ser su apuesta más personal y la historia con la que más orgulloso se sentía y sobre todo haber encontrado una nueva compañía que más o menos le dejó campar a sus anchas la cosa no salió todo lo redonda que parecía. Una vez más sus mejores cartas y lo más interesante de su película era su trailer.
Fox es ahora la encargada de dejar que M. Night Shyamalan llevase a cabo su último y visionario film escrito para gloria de su protagonista Mark Wahlberg (hermano del niño maltratado del joven que disparaba a Willis en El Sexto Sentido). Muchas cosas han cambiado, para empezar es la primera vez que no se empeña en realizar su cameo a lo Hitchcock, quizás consciente de que como actor dejaba bastante que desear. Después ha renunciado a un guión hermético hasta el final, y casi desde la mitad de la cinta se sabe la solución al misterio lo cual resta bastante encanto, porque, como siempre, la explicación no es del todo satisfactoria. Pero efectivamente no ha renunciado a su habitual costumbre: Lo mejor de la cinta aparece en el trailer.
Un profesor de instituto de Filadelfia descubre que algún tipo de virus ha afectado a la población y obliga a todos los infectados a cometer suicidio. Desde ahí una huida desesperada para salvar la vida ante el desconcierto de no saber que está sucediendo.
Las imágenes del inicio hacían esperar algo inquietante y misterioso, planos gloriosos de lluvias de cuerpos desde edificios o personas avanzando hacia armas de fuego enseñando sólo los pies hasta oír la detonación del disparo. Soberbio pulso dramático con el misterio que convertía a la raza humana en lemmings autodestructivos mientras Mark Wahlberg con un exceso de botox en su cejo fruncido lidiaba con el personaje más desagradable y absurdo de la filmografía de M. Night Shyamalan: su mujer, una ñoña e incomprensible mujer que bien hubiera podido ser la primera víctima para regocijo del espectador.
Decepcionante por tanto de nuevo con su última película como director y guionista que ya puedo calificar de sobrevalorado teniendo sólo una cinta en su haber que merezca la pena y capaz de matar en su materialización cualquier proyecto que sobre el papel suene interesante.
Lo mejor: Que M. Night Shyamalan haya decidido darse cuenta de que lo suyo no era la actuación.
Lo peor: Que una vez más la cosa queda en agua de borrajas y su trailer resulta infinitamente más interesante que el resultado final.
