Moodysson sabe bien lo que quiere contar. Lo que le interesa es la perra vida de Lilja y la denuncia de una situación tan denigrante y destructiva como es la trata de blancas.

★★★☆☆ Buena

Lilja 4-ever

Hay ciertas películas en las que, al acabar, me quedo pensando en si el autor quiso mostrarme la cruda realidad para concienciarme o más bien, lo que ha intentado es generar en mí los sentimientos más tristes posibles a base de encadenar jugarretas y desgracias en el personaje protagonista.

Tampoco es que esto me parezca demasiado mal, pues si me gustan las que tratan de provocarme terror a base de sustos o las que intentan hacerme reir concatenando gags, ¿por qué iba a renegar de estas? Pero sí que pierdo algo de implicación en la historia cuando ésta no me parece que fluya de forma natural.

Este es el mayor problema que le he encontrado a “Lilja 4-ever”, la película más aclamada del sueco Lukas Moodysson. Aún siendo una historia que consiguió atraparme en determinados momentos, en gran parte gracias al trabajo de la actriz protagonista, el drama se va incrementando hasta tal extremo que llega a parecer forzado, lo que provocó que mi empatía con la Lilja del título no fuera total.

La historia trata sobre una resuelta chica de 16 años que es abandonada por su madre en Estonia mientras ésta se marcha con su nuevo novio a vivir a Usamérica. A partir de aquí empieza una lucha por la supervivencia plagada de todo tipo de tragedias. La madre no le envía dinero, su tía la echa de casa, una amiga la acusa de puta delante de todo el instituto y ella empieza a prostituirse para conseguir pasta.

En medio de todo este caos, su único salvavidas será el pequeño Volodja, un niño profundamente enamorado de ella que será el único que la respete y valore como se merece.

La película está narrada de un modo sencillo, directo y sin estridencias. Moodysson sabe bien lo que quiere contar y no se detiene en florituras. Lo que le interesa es la perra vida de Lilja y la denuncia de una situación tan denigrante y destructiva como es la trata de blancas y hasta donde puede aguantar en esa situación un espíritu alegre, optimista y casi imposible de rendir.

Pero si algo destaca en este mar de desgracias es la actuación de Oksana Akinshina, la actriz protagonista, que consigue mezclar en una sola personalidad fuerza y fragilidad, arrogancia y timidez, descaro y miedo, conformando un personaje lleno de matices y de fuerza, algo real en medio de tantas escenas dramáticas, que por sí solas podrían llegar a conformar un mundo casi de ciencia ficción.

En definitiva, es una película llamada a remover conciencias y a dejarnos clara una situación inhumana, que se sigue produciendo en las zonas más deprimidas de nuestro “primer mundo”, con una actriz protagonista brillante y que, aún así, no consiguió golpearme de forma contundente debido a una masificación de desgracias que complicó el que me identificara con lo que se me estaba contando.

Lo mejor: La actriz protagonista.
Lo peor: Tanta desgracia junta me sacó un poco de la historia.
publicado por Heitor Pan el 19 junio, 2008

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