Solvente película de terror de bajo presupuesto, que posee sus carencias pero que, además de resultar terriblemente entretenida, se erige como un fiel retrato del pánico y el pesimismo de la sociedad norteamericana post 11-S.

★★★☆☆ Buena

Mulberry Street

Mulberry Street fue presentada en el Festival de Sitges 2007 en la sección Midnight X-Treme, tras haber pasado previamente por Tribeca, Estocolmo, Bruselas, Amsterdam, Toronto y Fant-Asia.

El segundo largometraje de Jim Mickle cuenta con la participación de un elenco semidesconocido encabezado por Nick Damici, Kim Blair, Ron Brice, Bo Corre, Tim House, Larry Fleischman, Larry Medich, Javier Picayo y Antone Pagan, y cuenta la historia de un grupo de vecinos de un viejo inmueble de Manhattan que se enfrenta a una epidemia vírica propagada por ratas.

Rodada íntegramente con cámara en mano, de un modo directo, sucio parco en diálogos, Mulberry Street pretende ir más allá del mero efectismo, ahondando en el retrato de una sociedad post 11-S a través de un género tan recurrido como el zombie.

De este modo, los hombres-rata que pueblan la película de Jim Mickle bien pueden unirse a los infectados de 28 días después, a los zombies de Romero, o a la gigantesca némesis de Monstruoso, en una película repleta de rabia y un gris pesimismo de imágenes casi bucólicas.

Mulberry Street es una producción marcadamente independiente, tan humilde como honesta, que logra captar nuestra atención gracias a una sobria introducción, repleta de imágenes de la vida cotidiana de unos protagonistas mundanos en un barrio decadente tiznado de cierto ambiente onírico y apocalíptico, cuyas vidas se rigen por la cotidianeidad o la mera subsistencia. Es por ello que la película de Jim Mickle logra empatizar con nosotros, prescindiendo de héroes a pesar de tener a una marine de vuelta al hogar entre sus personajes que, por contra, se siente avergonzada por la cicatriz que ha dejado Irak en su rostro, en un claro reflejo del malestar nacional por el intervencionismo militar de su país.

La acción se hace de rogar, apareciendo súbitamente y con una brutalidad sucia y angustiosa, con unos purulentos y mutados infectados que no pueden dejar de recordarnos estéticamente a los poseídos de Demons, al menos en su primera fase; las carencias de las escenas de acción quedan sabiamente suplidas por una cámara esquizofrénica y efectiva acompañada de una violencia visceral en la que la lucha por la supervivencia, al precio que sea, se erige como único principio. Cabe destacar también la habilidad de su director para trasmitir al espectador una constante sensación de terror generalizado a pesar de centralizar su acción en apenas un inmueble, gracias al previo retrato del barrio, de las imágenes emitidas por televisión, y del funesto viaje a Ítaca de la marine interpretada por Kim Blair.

De este modo, Mulberry Street es una solvente película de terror de bajo presupuesto, que obviamente posee sus carencias pero que, además de resultar terriblemente entretenida, se erige como un fiel retrato del pánico y el pesimismo inherentes en buena parte de la sociedad norteamericana actual.
publicado por Oscar Martínez el 17 junio, 2008

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