An American Crime, en su intento por contar de la forma más auténtica y cruda posible unos hechos de por sí espantosos, pierde su alma, y se queda en un film correcto, pero plano emocionalmente

★★☆☆☆ Mediocre

Como dijo el gran Groucho Marx, “qué casualidad que casualmente ocurren tantas casualidades”, y es que esta frase se ajusta como anillo al dedo para comenzar estas líneas. Cuantas veces una película, que llevaba en el olvido desde hacía meses, llega a los cines en el momento justo en el que su trama coincide con algún tipo de suceso de actualidad. O porque, casualmente, uno de sus intérpretes ha alcanzado la fama.

Pues a falta de cumplir sólo uno de los dos supuestos mencionados, An American Crime cumple los dos. Una película que nunca se estrenó en salas en Estados Unidos, y que sin embargo ha sido rescatada hace un mes para su estreno en televisión y DVD. Y todo, gracias a la enorme popularidad alcanzada por su protagonista, Ellen Page, y por las similitudes con el terrible caso del monstruo austríaco. El film de Tommy O’Haver como mejor podría definirse es como correcto, ya que su factura técnica es buena (a pesar de algunos detalles de principiante, como esa puerta que se cierra para recalcar que la felicidad de las niñas va a desaparecer), pero que resulta tremendamente aséptico. A pesar de contar unos hechos inhumanos, O’Haver no consigue transmitir ese espanto, ese miedo y ese horror al espectador. El hecho de estar narrada en forma de flashback no beneficia a la cinta, y aún menos la alternancia de las escenas del juicio con la trama principal. El resultado es un film flojo, que se entretiene en temas secundarios y que sólo se salva de la mediocridad más absoluta gracias al buen hacer de Ellen Page, que realiza una interpretación mucho más sólida y completa que en Juno, Catherine Keener y las pequeñas gotas dejadas por Bradley Whitford.

An American Crime, en su intento por contar de la forma más auténtica y cruda posible unos hechos de por sí espantosos, pierde su alma, y se queda en un film correcto, pero plano emocionalmente. Sólo la solidez de su pareja protagonista y la de sus secundarios consigue mantener a flote una historia que hace agua debido a sus fallos narrativos.

Lo mejor: Ellen Page y Catherine Keener.
Lo peor: La falta de personalidad de Tommy OHaver.
publicado por Francisco Bellón el 15 junio, 2008

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