Rebobine por favor es el compendio de un discurso nostálgico sobre el cine que está desapareciendo, la ilusión perdida del espectador y la arrasadora modernidad que simplifica todo hasta perder el punto de partida: el cine.
Pero siempre hay una grieta por la que colarse y soldados-espectadores que ayudarán a rescatar el cine de su destrucción.
En un intento de sabotear una central eléctrica, Jerry (Jack Black) queda magnetizado y borra todas las cintas vhs del videoclub de su mejor amigo, Mike (Mos Def). Aprovechando que el dueño del negocio (Glover) está de viaje, recurren a la imaginación para volver a alquilar las cintas y que el negocio no se vaya al traste.
Con una premisa tan sencilla como ésta se avecinaba una gran comedia. Y en realidad no lo es. A ratos, en los momentos en los que recrean los films, todo el poder imaginativo de Gondry reluce y llena todo el fotograma. Antes y después de estos momentos hay una película sobre un rincón centenario dentro de un barrio marginado que recupera la ilusión de participar en algo nuevo pero que es tan viejo como sentir la cercanía de una película. La propia película apoya este mensaje de forma muy coherente con un guión genial y una producción de envidiable modestia.
Aunque en algunos momentos se apoya de forma demasiado romántica en el concepto del cine popular, la película creo que es un genial alegato sobre el poder de la imaginación frente a la escasez de dinero: nos insta a no olvidar nuestros gratos recuerdos cinematográficos, a pelear por ellos sin dejarnos comer por las nuevas modas y el simplismo de la modernidad, a ayudar a respirar al cine en el que tememos que sea su último suspiro. Pero no por ello cae en el pesimismo, sino en la embriagadora nostalgia de las películas que recordamos.
Lo mejor: La genial y económica idea que apoya su mensaje cinéfilo y nostálgico.
Lo peor: En algún momento puntual, un exceso de romanticismo.
