Intensa cinta bélica que, lamentablemente, se olvidó de buscar una buena historia que uniera las diferentes secuencias de tensión que viven sus protagonistas.

★★★☆☆ Buena

En tierra hostil (The hurt locker)

Resulta curioso, como mínimo, que una película que no logró gran repercusión en su preestreno en el festival de Venecia, que pasó por el festival de Toronto sin gran aclamación, que se estrenó en abril del año pasado en Estados Unidos sin conseguir que funcionara el boca-oreja entre los espectadores o que se ha estrenado en distintos países apareciendo directamente en dvd, resulte que, a la hora de conceder premios a lo mejor del año, se alce como la gran vencedora, logrando, entre otros, nada más y nada menos que seis premios Oscars, entre los que se incluyen los de mejor película y mejor dirección. Ante tal trayectoria, uno ya no sabe si creer que En tierra hostil es una gran película o, por el contrario, una película con una gran campaña de marketing, que se ha sabido vender muy bien.

La película nos cuenta el día a día de una brigada de artificieros norteamericanos intentando desempeñar lo mejor posible su trabajo (o lo que viene a siendo lo mismo, intentando sobrevivir) en pleno conflicto bélico en Irak. La película empieza con el grupo en acción, analizando un paquete más que sospechoso colocado en medio de la calzada. Los soldados mandan uno de sus robots a inspeccionar el paquete bomba, pero la cosa no funciona así que el jefe de la división se verá obligado a actuar en persona. Al poco, la bomba detonará provocando un bonito plano en cámara lenta donde vemos la explosión del artefacto justamente a la espalda del soldado que intenta huir del lugar lo más rápido que le permite la pesada carga de su traje acolchado. Realmente el plano es muy plástico y efectivo (probablemente es el que todo el mundo habrá visto en el trailer de la película y en televisión), lamentablemente el soldado quedará hecho trizas en medio de una gran nube de polvo.

Como en esto del ejercito, al parecer, son de la teoría de “a rey muerto, rey puesto”, pronto llegará a la brigada un nuevo mando con un estilo radicalmente opuesto al del fallecido. El sargento William James, se mostrará como un temerario ante el resto de sus compañeros, un tipo sin “aparente” miedo a la muerte y de actitud chulesca ante las adversidades, que no dudará en rehusar el casco y el traje acolchado para poder trabajar mejor en desarmar un explosivo. El problema está en que su temeridad (o valentía según el cargo que ocupe cada cual dentro del ejército) terminará afectando al resto de su grupo, no demasiado felices de arriesgar en exceso sus pellejos a poco más de un mes para volver a casa. Pero su jefe está enganchado a la adrenalina que le provoca el riesgo, lo que ligará directamente con la frase “la guerra es una droga” con que se abre la película.

El género bélico es uno de los clásicos del séptimo arte. Cada guerra ha tenido su buen número de películas, especialmente la I y II Guerra Mundial y la de Vietnam, por algún motivo en concreto, las más cinematográficas. En cuanto a la guerra de Irak la cosa ha sido más bien pobre, viniéndome a la cabeza títulos como Redacted (Brian de Palma), Jarhead (Sam Mendes) o En el valle de Elah (Paul Haggis), pero poco más. Y es que resulta bastante difícil posicionarse a favor de un bando en una guerra como la de Irak, en la que cuesta saber quien son los buenos y los malos o, simplemente, saber quienes son las víctimas. Claro que siempre se puede hacer como en En tierra hostil, no posicionándose y ya está, que a grandes males, grandes remedios.

La directora de la película (primera mujer en lograr un Oscar a la mejor dirección) es Kathryn Bigelow, conocida por: 1. Ser la ex mujer de James Cameron, el tio con la mayor flor jamás vista metida en el culo (algo que también le ha ido bien a la señora para que se hablara de la película en ámbitos que jamás hablarían de una película independiente de estas características); y 2. Ser una experta, o algo, en cine de acción, habiéndonos dejado títulos tan conocidos como Acero azul (la de Jamie Lee Curtis luciendo pistolón), Le llaman Bodhi (la de los atracadores surfistas con máscaras de ex-presidentes), Días extraños (la de Ralph Fiennes donde se traficaba con vivencias humanas como si fuera droga, en plan futuro imposible) y K-19: The Widowmaker (la del submarino y Harrison Ford haciendo de ruso).

En En tierra hostil, Kathryn Bigelow sigue la acción como si de una reportera de guerra se tratara, con continuos y bruscos movimientos de cámara, estando muy encima de sus protagonistas, intentando incrementar con ello la sensación de realismo, cercano casi al documental, con la finalidad de lograr transmitir el mayor grado de tensión posible al espectador al que, prácticamente, se podría decir que sitúa en medio de Bagdad.

La película, como les contaba, empieza de lo más potente, resultando más que interesante y atrapando fácilmente al espectador dentro de la tensión que viven sus protagonistas. Personalmente, confieso que la peli me tuvo enganchado a su trama hasta el preciso instante en que me di cuenta de algo básico: que no había trama. O sea, los tipos empiezan desactivando una bomba, más tarde desactivan otras bombas, luego hay un coche bomba e incluso asistiremos a un hombre bomba. Todo esto está muy bien, pero uno no puede evitar preguntarse, ¿y que?. Porque se acaba teniendo la sensación de que los responsables de la película disponían del escenario perfecto (la guerra de Irak) y del estilo que encajaba (cámara en mano), pero que les faltaba una buena historia que contar que uniera todo lo que en la cinta va sucediendo. Para ser justos hay que decir que hay un intento por parte del guión de unir las diferentes secuencias, pero resulta tan leve que no termina de resultar efectivo.

publicado por Jefe Dreyfus el 11 marzo, 2010

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