Soy gran aficionado a las comedias descerebradas y esta cinta puramente inglesa tiene algo de locura y al mismo tiempo pasa por una genial y desternillante comedia inteligente.
La historia de dos estudiantes de cine que deciden rodar un film porno tiene suficientes momentos hilarantes y gags ingeniosos de los que ya podrían aprender los responsables de nulidades cinematográficas como la espantosa e insultante Casi 300, las patéticas Epic Movie, Date Movie, etc. Aquí, a pesar de esa traducción espantosa (en España las adaptaciones de los títulos sobrepasan los límites de la imbecilidad), estamos ante una de las mejores comedias del año pasado, pues no sólo es tremendamente divertida, sino que engancha hasta tal punto que incluso ese final bobalicón te deja con ganas de más.
El cásting, la búsqueda desesperada de fondos para el film, las escenas del rodaje, todo rebosa imaginación, buen rollo y ganas de divertir. Y, pese a algunas escenas algo más bestias, no se sobrepasa en ningún momento el límite del buen gusto, por lo que la cinta no cae en todos los tópicos groseros y escatológicos de ese colectivo de films destinado al público joven y al que considerarlo cine podría tacharse de herejía.
Sin más, una comedia tronchante, rodada en condiciones y superior a la mayor parte de bodrios para chavales que se estrenan hoy día.
Si os gustan las comedias inteligentes, además de Supersalidos y Lío Embarazoso, no dejéis pasar esta I Want Candy.
