Una chica cortada en dos

Una joven, inteligente, chispeante y divertida chica se encuentra dividida en los dos tipos de relación que toda persona puede tener: hacer de "hija" con un famoso escritor, muchos años mayor que ella, que la convierte en su amante y hacer de "madre" de un joven y millonario heredero, tan caprichoso y arrogante como guapo y que quiere convertirla en su esposa.

Ese inteligente planteamiento sirve a Chabrol, una vez más, para trazar una mordaz mirada a la sociedad contemporánea, a sus juegos de poder y a sus relaciones emocionales, filtradas en la mayoría de los casos por el interés y el egoísmo -ya sea económico, amoroso o de la índole que sea-. Narrada con el habitual pulso pausado del cineasta, "Una chica cortada en dos" también desgrana de una manera muy inteligente la psicología de los personajes femeninos, especialmente el interpretado por la guapa y brillante actriz Ludivine Sagnier, una refrescante presencia en el panorama cinematográfico internacional con cada vez más pujanza.

La madurez que el personaje protagonista va experimentando a lo largo de toda la historia es todo un viaje iniciático a la ruptura con la inocencia, pero conservando una luz de esperanza ante la posible felicidad de una relación sentimental. A pesar del habitual tono negro de desesperanza de este director, en esta ocasión deja abierto un pequeño resquicio a la ilusión de que todavía es posible ser feliz en el amor, a pesar de todo el egoísmo que implica una relación. Narrada de forma minimalista, Chabrol articula su discurso con elegancia, pero con alguna carencia de ritmo, echando en falta un segundo acto con más agilidad.

Lo mejor: La reflexión sobre el amor, la entrega y (otra vez) el poder. Por supuesto, Ludivine Seigner.
Lo peor: El ritmo, algo deficiente en la segunda mitad.
publicado por Federico Casado Reina el 20 mayo, 2008

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