Mi novio es un ladrón

No hay nada peor que no saber envejecer con dignidad. ¿Por qué muchas personas se empeñan en quedarse eternamente en una edad, y fuerzan la naturaleza con siliconas, botox y operaciones estéticas, si a la larga la van a convertir en una especie de muñeco informe de lejano parecido con lo que fue su "juventud"? Aún me acuerdo de un título de Robert Zemeckis, "La muerte os sienta tan bien", donde se hace una reflexión muy incisiva (y acertada) con el paso del tiempo. El mismo país que muestra la esplendorosa vejez de Jane Fonda, también nos ofrece una versión pálida y bizarra de la que fuera la reina de la comedia romántica, Meg Ryan; atrás quedaron títulos como "Cuando Harry encontró a Sally" o por supuesto "Algo para recordar".

Convertida en una especie de muñeca hinchable de morros ortopédicos, protagoniza la peor película de su carrera, y una de las más infames producciones de los últimos 25 años: una inestable mujer ha rehecho su vida tras pasar por una difícil viudedad y el síndrome del "nido vacío" cuando su hijo, agente del FBI, tiene que marcharse. En esa fase de búsqueda hedonista de la felicidad, la mujer conocerá a un carismático personaje, Tomy, que en realidad resulta ser un ladrón internacional que está en el pueblo donde viven para robar una estatua de…¡Bernini!, que además se expone en el museo local, que parece tener más medidas de seguridad y vigilantes que el Louvre. En fin, que el humor que pudiera encontrarse en este film, únicamente proviene de lo increíble de su guión, cada vez más rocambolesco.

La torpe realización de "Mi novio es un ladrón" -que intenta apabullar con recursos del tipo "Ocean’s Eleven"-, así como los manidos chistes y personajes ridículos que pueblan la pantalla, convierten a esta cinta en un verdadero engendro, cuyas únicas partes interesantes son Colin Hanks -que ha heredado de papá Tom una bis cómica innegable- y el carisma y belleza de Antonio Banderas, que aflora en cada plano, frente a la artificialidad y pésima interpretación de Meg Ryan. Pobre Meg, para lo que has quedado…

Lo mejor: Colin Hanks. Se le nota su talento. La galanura de Banderas.
Lo peor: Todo, especialmente el recauchutado de Meg Ryan y su pésima interpretación. El guión, que no hay por donde cogerlo.
publicado por Federico Casado Reina el 17 mayo, 2008

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