Desde el Reino Unido nos llega Evil aliens, una modesta película mezcla de terror, cine gore y comedia en plan cafre (lo que Bruce Campbell definiría en su día como Splatstick), dirigida por Jake West.
Como viene siendo habitual en este tipo de producciones, y siguiendo la estela de la grandísima Braindead (1991), a la que le sucedieron todo un séquito de clones más o menos afortunados como la neozelandesa Los no muertos (2003), la británica Zombie’s party (2004), o la sueca Frostbitten (2006), Evil aliens esgrime como alegato una historia disparatada, un ritmo trepidante, y cantidades industriales de sangre artificial y FX computerizados de andar por casa; a eso añadidle unas féminas ligeras de ropa, un friki de los OVNIs y otros muchos personajes variopintos, mezcladlo todo con unos alienígenas sospechosamente parecidos a un Predator, y obtendreis Evil aliens.
La película cuenta la historia de Michelle Fox, presentadora de un programa de televisión local de poca monta sobre fenómenos paranormales, la cual es enviada a una pequeña isla galesa donde una joven lugareña afirma haber quedado encinta tras haber sido abducida por unos alienígenas. Para realizar el reportaje, Fox reclutará a un cámara y a un técnico de sonido, a un autista especializado en OVNIs y a dos actores para recrear los hechos, y se dirigirá a Scalleum, la isla galesa en cuestión. Una vez allí, comenzarán a sucederse una serie de extraños sucesos que desembocarán en una batalla campal entre humanos y extraterretres.
Evil aliens es un producto algo tosco, de lo que comúnmente se ha denominado serie Z, pero que tiene su encanto: su exíguo presupuesto se ve compensado por las altas cantidades de humor y violencia gratuita, y la poca solvencia de sus actores queda encubierta por un guión pasado de vueltas y un ritmo endemoniado. A pesar de ello, las ganas de emular a la anteriormente mencionada Braindead, u otros clásicos del género como Mal gusto o Posesión infernal, hacen que, en ocasiones, Evil aliens nos deje un amargo regusto a pretenciosidad, cosa que es lo peor que podría haberle sucedido, pues le quita toda su frescura original; parece que, en ocasiones, la película pretende desmadrarse tanto y ofrecernos casquería y carcajadas en tales dosis, que el espectador se queda igual, como si no hubiera visto nada, más aún si tenemos en cuenta unos movimientos de cámara en mano algo desquiciados y un batiburrillo de filtros cuyo abuso cansa bastante.
De todos modos, te ríes mucho con ella, y te hace pasar un rato distendido. Ideal para ver con los amigotes sin ningún tipo de expectativa.
Le doy un 6 sobre 10 en la escala friki.
