Divertidísima. Su mayor mérito reside en el empeño en retratar con la misma fidelidad tanto el contexo histórico como los excesos de las grandes figuras de la música, renunciando a la mera parodia.

★★★★☆ Muy Buena

Dewey Cox: Una vida larga y dura

Dirigida por Jake Kasdan, Dewey Cox: una vida larga y dura viene de la mano de Judd Apatow, responsable -ya sea en el guión o en la producción- de títulos como Supersalidos, Lío embarazoso, El reportero, Pasado de vueltas o Virgen a los 40.

Protagonizada por John C. Reilly, Jenna Fischer, Paul Rudd, Jason Schwartzman, Jack Black, Justin Long, Jack White y Conner Rayburn, junto a cameos de diferentes celebridades del mundo de la música y la televisión, Dewey Cox: una vida larga y dura narra el auge y caída del legendario músico y compositor Dewey Cox, un músico cuyas canciones cambiaron a una nación con su rock and roll espiral. Este hombre se acostó con 411 mujeres, se casó tres veces, tuvo 22 hijos y acogió a otros 14, triunfó en los programas de televisión de los años 70, se codeaba con gente de la talla de Elvis o los Beatles, era adicto a todo tipo de droga que un hombre puede conocer y, a pesar de todo, se convirtió en un icono de su país.

Concebida como una spoof movie, o lo que es lo mismo, una parodia en toda regla en este caso de biopics musicales como Ray, En la cuerda floja, I’m not there o incluso The Doors o Beyond the sea, el principal mérito de Dewey Cox: una vida larga y dura radica en que no sólo se limita a caricaturizar los títulos antes mencionados, recurso bastante previsible y recurrido en otros ámbitos como en la saga Scary Movie y demás sucedáneos, si no que arremete, en términos generales, con toda la historia de la música del siglo XX a partir del blues.

De este modo, el protagonista de la película de Jake Kasdan recorre y se burla escrupulosamente de todos y cada uno de los períodos musicales y su contexto histórico, con mayor o menor éxito, iniciándose en la música negra y pasando consecutivamente por el Rock’N’Roll, el movimiento hippie, el folk de denuncia social o la música disco, compartiendo plano con las principales figuras de dichos movimientos, desde Elvis a Dylan, de los Beatles a Buddy Holly. Todo ello es parodiado con un sentido del humor desmedido pero al mismo tiempo elegante, con secuencias verdaderamente ingeniosas y referencias constantes, sin llegar nunca a la estupidez carente de gracia que desde hace ya algunos años domina este tipo de cine, y al mismo tiempo sin renunciar a los gags más salvajes y descerebrados.

Y es que hay modos y modos de hacer las cosas: buen ejemplo de ello serían el accidente que marcaría la niñez del protagonista y la relación con su padre, todos y cada uno de sus desternillantes contactos con las drogas y el sexo, o su agitada vida matrimonial, claros exponentes de un cine caricaturesco y desmedido, pero la mismo tiempo (mínimamente) inteligente.

Destacar la interpretación de un John C. Reilly inmenso -si bien uno siempre tiene la sensación de estar viendo en pantalla a un clon de Will Ferrell-, los cameos de Jack Black y Jason Schwartzmann como miembros de los Beatles, las desternillante sletras de las canciones (sobretodo las de la época Dylan) y el empeño de su director en retratar con la misma fidelidad (dentro del género, obviamente) tanto el contexo histórico como los excesos de las grandes figuras de la música.

No es una maravilla, pero sí un verdadero soplo de aire fresco en el género.
publicado por Oscar Martínez el 15 mayo, 2008

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