La narración se salpica de flashbacks completamente inncesarios que no añaden nada a la historia. Sinceramente, creo que hay una gran confusión entre “”tener estilo”” y “”ser estiloso””.

★★☆☆☆ Mediocre

Cashback

Este es el claro ejemplo de una prometedora carrera como director, que puede irse al traste por intentar aprovechar demasiado un trabajo; cuando Sean Ellis consiguió en 2004 el premio europeo al mejor cortometraje con "Cashback", e incluso una nominación al Oscar al mejor corto, todo parecía abrirse a su talento. El problema ha sido intentar aprovechar el éxito de su corto para realizar su primer largometraje, utilizando la misma temática, personajes e historia. La impresionante atmósfera de su corto, que funcionaba a la perfección con un depurado lenguaje de videoclip y una voz en "off" perfectamente situada, al estirarse al formato de hora y media resulta aburrido y lo que es peor, de una pedantería insoportable.

Ben es un estudiante de bellas artes que sueña con la pintura, y vive en su vida uno de los acontecimientos que le marcarán: la ruptura con su novia. Tras ese desencuentro amoroso, el chico no podrá dormir y de esa forma aprovechará las ocho horas de sueño para trabajar en un supermercado donde conocerá a otra chica y descubrirá que puede parar el tiempo, mientras el puede hacer lo que le plazca. Los recursos visuales pronto llegan a aburrir en un guión con muy poca chicha y las florituras, subrayadas por unas escogidas músicas que intentan provocar en todo momento el mayor efectismo, quedan aisladamente como los caprichos de un realizador poco maduro, que más que una historia, intenta apabullar al espectador como si intentara decirle "eh, mira qué guay soy, lo bien que hago estas cosas, lo artista que soy…". Una película, un largometraje es más que eso. Basta con contar la realidad desde tu propio prisma, de una manera honesta y sin una pose superior. Lo que podría haber sido una maravillosa historia de amor, un descubrimiento personal de un atormentado protagonista, se convierte en una retahíla de tópicos sobre el amor, contados con excesviva grandilocuencia, e intentando postular en todo momento la verdad única de la humanidad.

Para colmo, la narración se salpica de flashbacks completamente inncesarios que no añaden nada a la historia. Sinceramente, creo que hay una gran confusión entre "tener estilo" y "ser estiloso". Lo primero es desmarcarse de un discurso convencional, ofreciendo un punto de vista original. Lo segundo, utilizar todos los trucos de videoclips, ordenador y giros de guión para parecer original. Lo primero funciona, aunque quizás de un modo menos llamativo. Lo segundo es muy llamativo, pero termina por no funcionar.

Lo mejor: El estilo visual del realizador, con hallazgos (hasta) deslumbrantes.
Lo peor: Las grandes carencias de un guión que en realidad no es otra cosa que un cortometraje estirado.
publicado por Federico Casado Reina el 15 mayo, 2008

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