El director de “”Smoke”” y “”Blue in the face”” ha hecho una regresión sobre la dramaturgia del cine, olvidando todo lo superfluo y, simplificando hasta el extremo y destilando con mucho mimo esta maravilla que es capaz de emocionar de principio a fin.

★★★★★ Excelente

Mil años de oración

A veces, hacer una película no depende de grandes presupuestos, ni de estrellas famosas, ni de efectos especiales…ni siquiera de un guión complejo: basta con poder transmitir un sentimiento, una emoción, una reflexión sobre algo que nos rodea. Precisamente esto ha hecho Wayne Wang con esta pequeña maravilla que tiene en la modestia la mayor de sus virtudes.

Con la mínima (o grandiosa, según se mire) pretensión de conectar con el espectador, "Mil años de oración" cuenta la historia de un jubilado chino que viaja a Estados Unidos para estar con su hija, descubriendo un complejo mundo que en nada tiene que ver con la tranquila y anodina existencia que vivía en su país natal. Divorcios, familias desunidas (rotas e incluso inexistentes), y sobre todo incomunicación, es lo que se encuentra este hombre sencillo, perplejo ante las grandes, ampulosos e innecesarios que impone la vida occidental para ser feliz, cuando quizás lo más fácil es encontrar la plenitud en las cosas más pequeñas. Esta pequeña maravilla funciona con la demoledora exactitud de esas verdades universales, aquellas que todos sabemos pero que descubrimos súbitamente un día de la manera más insospechada, dando de golpe sentido a toda nuestra vida.

Wang tiene la habilidad de encontrar un tono tan hierático y distante como el de su personaje principal, observador pasivo de todo lo que le rodea y que intenta integrar esta nueva realidad a su vida. El director de "Smoke" y "Blue in the face" ha hecho una regresión sobre la dramaturgia del cine, olvidando todo lo superfluo y, simplificando hasta el extremo y destilando con mucho mimo esta maravilla que es capaz de emocionar de principio a fin. Su triunfal paso por la pasada edición del Festival de San Sebastián -donde consiguió la Concha de Oro al mejor director y la Concha de Plata al Mejor actor, con toda justicia- ha cimentado su carrera comercial, que seguro que estará a la altura de este gran film.

Lo mejor: La parábola sobre la incomunicación. El ritmo, la factura...
Lo peor: Una banda sonora con algo más de presencia en algunas secuencias.
publicado por Federico Casado Reina el 15 mayo, 2008

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