Es una lástima que con unos mimbres tan interesantes se haya terminado haciendo un film que solo tiene destellos en lo que no deja de ser una previsible, tópica y completamente olvidable cinta que encajaría mucho mejor en la programación televisiva d

★★☆☆☆ Mediocre

Definitivamente, Quizás

La ciudad de Nueva York vuelve a ser escenario para una comedieta romántica con ciertas ínfulas, que tiene su gracieta, pero que a la postre se torna demasiado ñoña y previsible. El planteamiento, medianamente original, sitúa a un padre divorciado que empieza a contarle a su hija sus aventuras sentimentales, para llegar a desentrañarle el secreto de quién de todas ellas ha sido su madre. El componente narrativo está bien encajado, con recursos televisivos y a modo de cuento para niños, la ternura que pudieran despertar cada una de las relaciones deja impregnadas algunas secuencias. No obstante, la elección de la niña es uno de los grandes errores del film: además de estar pésimamente dirigida y no aprovechar su talento (recordemos lo bien que estaba en "Pequeña Miss Sunshine" o en "Señales"), el papel es pedante, repelente y fuera de lugar.

Es una lástima que con unos mimbres tan interesantes se haya terminado haciendo un film que solo tiene destellos en lo que no deja de ser una previsible, tópica y completamente olvidable cinta que encajaría mucho mejor en la programación televisiva del mediodía que en un cine. Quizás otro elemento a agradecer de "Definitivamente, quizás" haya sido la reflexión sobre la familia y la famosa falta de comunicación y diferencia de códigos entre los hombres y las mujeres, sin olvidar, por supuesto la presencia de la siempre divina Rachel Weisz, encantadora donde las haya. Aunque la forma tenga cierto estilo, no es más que otro pálido intento para renovar la comedia romántica norteamericana, que parece agonizar inexorablemente, en lo que parecen ser los estertores de muerte de un género prácticamente acabado. Lejos quedan filmes como "Tu y yo" de Leo McCarey, donde los violines sonaban cuando tenían que sonar, donde la sorpresa, la emoción, el drama y la comedia trufaban maravillosas historias de amor (y además en este caso con el mismo telón de fondo, la maravillosa ciudad que nunca duerme…).

Ahora todo se limita a una fórmula que al parecer tiene que estar supervisada por los ejecutivos de los estudios para que "nada cambie" y así asegurar la taquilla. Sinceramente, creo que se equivocan, y que la única forma de que no mueran este tipos de historias -que deberían ser inmortales porque a todos nos gustan las historias románticas en las que el chico/a protagonista las pasa canutas hasta que encuentra el amor verdadero…- es renovando el mensaje, además de la forma. Ahora se ha intentado con la forma, pero el fondo sigue empantanado. ¿Para cuando lo harán de una manera más sincera e inteligente?

Lo mejor: La niña protagonista.
Lo peor: El resto.
publicado por Federico Casado Reina el 15 mayo, 2008

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