Aparatosa, agotadora apología del vacío, una película que es mejor tomar a broma. El guión es engañoso, se mueve entre el efectismo más tramposo y un vacío pretencioso bastante molesto.

★☆☆☆☆ Pésima

Proyecto Dos

No me extraña que el debate sobre la identidad del sufrido cine español siga abierto. Empeñados en abrir nuevos caminos, algunas producciones se alejan de los esquemas temáticos y expresivos más manoseados para salvar el triste nivel de la industria –y, de paso, la opinión del público-. Fue el caso de LA SOLEDAD (Jaime Rosales), [REC] (Jaume Balagueró/Paco Plaza) o EL ORFANATO (Juan Antonio Bayona), que, más allá de diferencias recaudatorias, estimularon la taquilla moribunda del 2007. Todo lo demás revela una alarmante rutina, falta de riesgo y mucha autocomplacencia.

PROYECTO DOS se enmarca en un subgénero poco cultivado en España –afortunadamente- como es el thriller de tintes “psicocientíficos”. Me explico. Diego –Adrià Collado-, investigador genético en un laboratorio, vive feliz con su mujer –Lucía Jiménez- e hijo, pese a sufrir frecuentes momentos de regresión mental en los que cree revivir experiencias pasadas. En una imagen por televisión descubre a alguien que, con su mismo rostro, es atropellado por un autobús. Tras descubrir que en realidad es hermano gemelo de la víctima, su vida empezará a cobrar todo el sentido que las extrañas visiones mentales auguraban. Así arranca la puesta de largo de Guillermo Groizard, escrita junto a Manuel Valdivia, Chus Vallejo, Nacho Cabana y Marga Varea. Tal y como puede imaginarse, esta premisa argumental -rocambolesca y oblicua-, quedará a la altura del resto, en lo que se revela como una propuesta de género bastante más que decepcionante.

El problema para que la película pueda al menos interesar es la forma en que maneja el contenido narrativo. Más allá de lo inverosímil de una historia de clonaciones con implicaciones del gobierno británico, por encima de su excusa pseudocientífica con gotas de drama familiar, existe un grave factor para que todo se hunda antes de empezar. El guión es engañoso, se mueve entre el efectismo más tramposo y un vacío pretencioso bastante molesto. Sus autores, preocupados por aplicar todo su arsenal de técnicas aprendidas, acaban cayendo en el mayor de los pecados de los primerizos: aburrir. Algo que supongo no pretendían, ni con la trama ni con su puesta en escena. Pero lo consiguen.

Uno –armado de paciencia- acaba perdiendo la esperanza en que el asunto se arregle, porque los minutos pasan y los cabos sueltos, los giros, las artimañas empiezan a multiplicarse y desmadejarlo todo. En este sentido, las secuencias van articulando un discurso clásico de investigaciones cuasiparanormales con todas las concesiones imaginables para crear suspense, un misterio que acaba agotado por su propia desmesura. El relato se convierte así en un producto de diseño hueco, tan ruidoso como insustancial, que retoma una estética claramente televisiva, acercándose más a un capítulo alargado de CSI mezclado con EXPEDIENTE X y unos brochazos de THE JACKET (John Maybury, 2005) junto con EL EFECTO MARIPOSA (Eric Bress / J.Mackye Gruber, 2004) todo en uno, pero en versión nacional y aún peor.

Sin entrar en su discutible entretenimiento –esto depende de lo que cada cual se exija-, PROYECTO DOS explota todos los recursos audiovisuales disponibles para impactarnos. Groizard insiste en dejar claro quién está manejando la función, por lo que cuida el aspecto estético hasta el cansancio. Montaje epiléptico, música enfática, división de pantalla, zoom, imágenes viradas, planos quemados, cambios de velocidad…Un envoltorio aparatoso, grandilocuente, tedioso que esconde una historia insostenible, rozando –hay que decirlo- lo ridículo. Una historia que ni siquiera reflotan sus protagonistas Collado y Jiménez, ni secundarios como María Luisa Merlo, Manolo Zarzo o Josep María Pou, intentando dar empaque a la función.

Es éste el principal defecto que un título con material tan prometedor debe afrontar: oculta lo convencional bajo los ropajes más modernos. Es el resultado de los aires de acomplejada grandeza que pueden asomar en nuestro cine, seducido a veces por los patrones yanquis que tanto crucificamos. Se reclama a voces un cine de género que acompañe su fachada espectacular con un fondo coherente y elaborado, un cine más encaminado a respetar nuestra inteligencia que a vendernos humo.
Lo mejor: Que durará poco en cartel.
Lo peor: Todo.
publicado por Tomás Diaz el 14 mayo, 2008

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