Un lamentable compendio de clichés: sombras cruzando ante la cámara, imágenes en los espejos, un sonido atronador y unos personajes a los que el propio espectador desearía asesinar con sus propias manos.
Dirigida por Nelson McCormick y protagonizada por Brittany Snow, Johnathon Schaech, Jessica Stroup, Kellan Lutz, Jana Kramer, Brianne Davis, Kelly Blatz, Rachel Specter, Joshua Leonard e Idris Elba, Una noche para morir (Prom Nighten el original) es un remake del slasher teenager de 1980 protagonizado por Jamie Lee Curtis y Leslie Nielsen titulado en nuestro país Noche de graduación.
La mágica noche con que sueñan todas las estudiantes de instituto se convierte en una pesadilla para Donna Keppel, cuando el obseso psicópata que mató a toda su familia se escapa de la cárcel y viene a buscarla. Lo que debería haber sido la noche de su vida se convierte en un mortal juego de gato y ratón, cuando Donna y sus amigos son atacados por un sanguinario demente que no dejará que nada se interponga entre él y su víctima elegida.
Parecía difícil encontrarse con un remake peor que los estrenados en lo que llevamos de año, pero Una noche para morirse encuentra cerca de superar la triste marca de títulos como Retratos del más allá.
Y es que la película de Nelson McCormick sigue al pie de la letra los patrones de mediocridad estipulados en el reciente cine de terror nacido del remake: sombras cruzando ante la cámara, fugaces imágenes en los espejos, un sonido atronador al que, para más inri, le añaden incluso coros y reverberaciones en algunos gritos puntuales, y unos personajes a los que el propio espectador desearía asesinar con sus propias manos.
De este modo, esa entrañable caspa ochentera tan propia de ese cine de serie B con aspiraciones a reventar taquillas con un más que exíguo presupuesto, queda suplantado en este triste remake por una fiesta de lujo desorbirtado, más propia de una orgía en casa de Paris Hilton que de un baile de graduación ortodoxo, donde una sucesión de Barbies y Kens fenece a manos de un psicopáta de tres al cuarto que, en los primeros compases de la película, por lo menos tiene la decencia de asemejarse físicamente a Charles Manson.
Eso sin tener en cuenta la notable incoherencia temporal del metraje, por supuesto.
Concluyendo, diremos que Una noche para morir es una película de terror bastante lamentable, tediosa y sin nervio alguno y, como era de esperar, sin un ápice de originalidad, donde las víctimas del teacher in love están más cerca de morir por los golpes que se dan tratando de huir que por la propia labor del homicida en cuestión, y que nos ofrece a una Brittany Snow que sin duda alguna aparecerá entre las nominadas a los premios Razzie de este año.
Y es que ni siquiera el cuchillo de la portada es el de la película…
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