El mundo de Lynch aplicado al cine teenager. Maravillosa.

★★★★☆ Muy Buena

Brick

Inquietante, preciosista y de complejo argumento. Esos son algunos de los calificativos con los que ha sido descrita Brick, la ópera prima de Rian Johnson.

Y la verdad, no es para menos. Pero, personalmente, le añadiría un calificativo más que, para bien o para mal, creo que la define por completo: lyncheana. ¿O acaso no se respira el sórdido ambiente de las obras del controvertido director estadounidense por cada uno de sus poros? ¿No le son propios esos escenarios de gélida iluminación, ese elenco de personajes a cuál más oscuro y estrafalario, esos rebuscados y oníricos mundos interiores, o incluso esa música que tanto me recuerda a la que acompañaba a nuestro querido agente Cooper?

Brick es, para mí, el mundo de Lynch aplicado al cine teenager.
Ya, pero…¿Eso es bueno o malo?, os preguntaréis.

Pues para mí es simplemente genial. Y es que Brick te engancha, literalmente, desde su primer fotograma, desde el preciso instante en el que Brendan (un inconmensurable Joseph Gordon-Levitt) comienza a indagar en su instituto para saber qué ha ocurrido con su ex-novia Emily (Emily de Ravin), adentrándose en un mundo opresivo, oscuro y con reglas propias, en el que nada es lo que parece, y en el conocerá, con la inestimable ayuda de Cerebro (Matt O’Leary) a personajes tan pintorescos como el siniestro The pin (Lukas Haas), el irascible Tugger (Noah Fleiss), la sensual Kara (Meagan Good) o la enigmática Laura (Nora Zehetner), dándonos a conocer las complejas relaciones, reglas y tramas que se ocultan tras un instituto aparentemente corriente.

Brick es surrealista en algunos momentos, divertida en otros, constantemente inquietante pero, por desgracia, también es bastante compleja de seguir, a la par que fría y distante. Y es que, a pesar de que su historia nos intrigue, ninguno de sus personajes, ni tan siquiera el protagonista, simpatiza con nosotros, y este es otro de los motivos por los que me recuerda tanto a la obra de Lynch. Pero, en contra de lo que sucede con el director de películas tan polémicas como Carretera perdida, El hombre elefante, Terciopelo Azul o la mítica serie Twin Peaks, Brick tiene un final lógico, un respuesta factible.

O lo que es lo mismo: resulta asequible para todo el mundo.
En resumen: una película sensacional, muy trabajada, inquietante y en ocasiones perturbadora, si bien resulta distante y, por lo tanto, carente de la complicidad del espectador.

publicado por Oscar Martínez el 12 mayo, 2008

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