Una paja mental de proporciones mayúsculas que oscila entre el dogmatismo profético y la hilaridad, pero que resulta simplemente arrebatadora si uno decide aceptar su juego.

★★★☆☆ Buena

Southland tales

Southland Tales es el segundo largometraje de Richard Kelly, quien sorprendió gratamente a buena parte de público y crítica con Donnie Darko, y de quien nada se supo hasta que en 2006 presentara en Cannes su nueva película, recibiendo frías críticas. De hecho, la película no se estrenaría en las salas estadounidenses hasta finales del 2007, y todavía no tiene fecha de estreno en nuestro país.

Protagonizada por Dwayne ‘The Rock’ Johnson, Seann William Scott, Sarah Michelle Gellar, Mandy Moore, Miranda Richardson, Kevin Smith, Janeane Garofalo, David McDivitt, Curtis Armstrong y Bai Ling, Southland Tales nos sitúa en Los Ángeles, el 4 de julio 2008. Ante la falta de energía eléctrica y de carburante que ha provocado un ataque nuclear, una empresa alemana dirigida por Fraks descubre y comercializa el karma procedente del océano y que altera la rotación de la tierra. Ante ello, un amnésico actor del cine de mamporros, una antigua reina del cine porno, dos hermanos muy zumbados y un grupúsculo de guerrilleros marxistas deciden enfrentarse a la gran conspiración del racismo, el fascismo político y la policía represora para hacerse los dueños del caos.

Ciertamente, el segundo largometraje de Richard Kelly ha traído y traerá polémica: con una estética que oscila entre la cultura pop, el videoclip procedente de la generación Mtv y el mundo del cómic, y con un mensaje entre desalentador y cínico a un mismo tiempo, Southland Tales será (es) para Richard Kelly el equivalente a La fuente de la vida para Darren Aronofosky.

En definitiva, la amas o la odias hasta sus últimas consecuencias.

Por un lado, las más de dos horas y media de Southland Tales transcurren con una presteza que lleva al espectador del anonadamiento a la consternación, de la fascinación a la indignación, de la depresión al hilarismo. Y es que Southland Tales abarca todo eso y más, en una película que, por un lado, contiene notables aires de megalomanía por parte de su director, y que por otro no deja de ser la particular visión de una generación de un futuro apocalipsis.

Por ello, ni la propia película se toma en serio a sí misma, empezando por un reparto arriesgado pero sorprendentemente solvente, en el que viejas glorias olvidadas de la televisión y efímeras estrellas de los adolescentes componen una compleja historia que sobrepasa el surrealismo. Por otra parte, cabe decir que estéticamente hablando Southland Tales resulta arrebatadora en sus excesos, con unos efectos especiales trabajados, dejando en el espectador una contínua sensación de estar presenciando algo parecido a una película de superhéroes en un entorno mundanal cuyo mérito debe reconocerse.

Pero, sin duda alguna, es esa suerte crítica pseudoprofética para con la sociedad actual, el pretendido simbolismo de un discurso tan profundo como inocente, lo que dividirá al espectador. Personalmente, debo decir que la película de Richard Kelly roza la trascendencia dogmática, llegando en ocasiones a la mera pataleta infantil cuyo ostentoso revestimiento bien puede supeditar en más de una ocasión al propio mensaje, pero no por ello éste deja de ser menos válido: la preocupación por las energías renovables, la corrupción política, la brutalidad policial, el control de la sociedad mediante el capitalismo, las drogas… Ciertamente, el discurso de Kelly no es novedoso, pero su manera de plasmarlo es tan arrriesgada que por momentos llega a un paroxismo que desemboca en la incongruencia más absoluta.

A pesar de ello, por momentos un servidor quedó enganchado a la pantalla irremisiblemente a sabiendas de su exceso de abalorios, pendiente de una película oscura, depresiva y apocalíptica que, con la banda sonora de Moby, alcanza cotas de éxtasis, pero que bien puede resultar simplemente insoportable para otros. Amada u odiada, Southland Tales permite todo tipo de valoraciones.

Le doy un 6’5 sobre 10, aunque un segundo visionado bien puede alterar notablemente esta puntuación, chi lo sa.
publicado por Oscar Martínez el 9 mayo, 2008

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