Con un inicio eminentemente tarantiniano tanto en su formato como en su banda sonora, Sultanes deambula entre chanchullos, traiciones y vendettas por momentos incongruentes, en una película que en ningún momento logra forjar una personalidad propia.

★★☆☆☆ Mediocre

Sultanes

Sultanes del sur, que llegará a nuestras carteleras simplemente bajo el título de Sultanes, es una coproducción entre México y España dirigida por Alejandro Lozano, responsable de la curiosa Matando cabos.

Protagonizada por Tony Dalton, Jordi Mollà, Ana de la Reguera, Silverio Palacios, Celso Bugallo, Brian Maya, Rosa María Bianchi, Mario Alarcón, Juan Carlos Remolina y Coni Mariño, Sultanes cuenta las peripecias de cuatro profesionales que atracan un banco en México. Consiguen un botín de 11 millones de dólares, y se van a Buenos Aires para cambiar los dólares por pesos. Han llegado a un acuerdo con ‘El Tejano’, uno de los dos capos de la ciudad, que envía a tres de sus hombres para hacer el intercambio. Pero alguien les dispara. Los hombres de ‘El Tejano’ mueren y los atacantes huyen con todo el dinero. Después de una larga persecución, uno de los atracadores, Leo desaparece. Los demás tendrán que recuperar el dinero o de lo contrario todos morirán.

Sin duda alguna, el principal defecto que refleja el segundo largometraje de Alejandro Lozano es la falta de humildad, o lo que es lo mismo, su pretenciosidad. Con un inicio eminentemente tarantiniano tanto en su formato como en su banda sonora, Sultanes se inicia con dinamismo, con una sucesión de pantallas partidas y barridos de cámara en un intento de emular títulos como Ocean’s eleven, del anteriormente citado Quentin Tarantino o Guy Ritchie.

En fin, tipos duros, armas, un atraco… Sultanes da sus primeros pasos dejando unas buenas expectativas al espectador a pesar de su prestada personalidad, con un curioso Jordi Mollà que se erige como maestro de ceremonias. Por desgracia, una vez concluye el efectista montaje del atraco, la película comienza a divagar en un mar de referentes sin lograr definirse en ningún momento, oscilando sin sentido entre diversos géneros y tratando de profundizar sin éxito en las psiques de sus personajes, sobretodo en el insulso affair amoroso entre Sánchez y Mónica, desabrido origen del verdadero grueso de la trama.

De este modo, Sultanes deambula entre chanchullos, traiciones y vendettas por momentos incongruentes, con un montaje pretencioso y carente de ritmo, donde una insubrible cámara en mano desmerece todavía más si cabe a unos contínuos tiroteos y persecuciones y donde las némesis del protagonista parecen encontrarse más cerca de la parodia de villano en la línea del gran Villambrosa de Airbag que de un estereotipo mínimamente serio, en una película que, pese a que se puede ver sin problemas, hace aguas tras su primer tramo de metraje.

Eso, y un revelador final tipo Saw.
publicado por Oscar Martínez el 8 mayo, 2008

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