Está llamada a convertirse en un verdadero título de culto (…) Una alegoría sobre la libertad de expresión de una belleza plástica inconstetable, inspirada tanto en el Gran Hermano orweliano ocmo en el cine de Méliès y los expresionistas alemanes.

★★★★★ Excelente

La antena

Presentada en la pasada edición del Festival de Sitges en la sección Noves Visions, La antena es una película argentina dirigida por Esteban Sapir y protagonizada por Valeria Bertuccelli, Alejandro Urdapilleta, Julieta Cardinali, Rafael Ferro y Florencia Raggi entre otros.

La película nos ubica en el año XX, en la Ciudad Sin Voz, la cual vive bajo un largo y crudo invierno. Un hombre malvado y sin escrúpulos, el Sr. T.V., dueño absoluto de las imágenes que animan esta ciudad y de una extensa cadena de productos bajo su sello personal, lleva adelante un siniestro plan secreto para someter eternamente a cada una de las almas que habitan este lugar. Para construir este monopolio ha financiado la creación de una peligrosa máquina que transmite hipnóticas imágenes por la pantalla del televisor para inducir al consumo compulsivo de los productos con su sello.

La antena es una de esas pequeñas maravillas que cada cierto tiempo suelen aparecer en los festivales de todo el mundo y que, por desgracia, en escasas ocasiones logran llegar al público masivo. Por suerte, en esta ocasión nos hallamos ante una grata excepción, pues la ópera prima de Esteban Sapir aterriza en nuestras pantallas este próximo viernes.

Como decía, La antena está llamada a convertirse en un verdadero título de culto: rodada íntegramente en blanco y negro y prácticamente muda, esta película argentina recaba en las raíces más profundas de los orígenes del cine bajo una estética que oscila entre el cine de Méliès y el expresionismo alemán de Lang o Murnau, pasando por los soviéticos Vartov y Eisenstein e incluso el Aelita de Protazanov.

Con unos subtítulos dinámicos simplemente maravillosos y una preponderante banda sonora a cargo de Leo Sujatovich, La antena es una bella fábula de factura exquisita, una parábola sobre la libertad de expresión que se sirve de todo tipo de recursos estéticos, entre ellos el uso de simbolismos con connotaciones históricas, desde las siglas de la CCPC a la esvástica nazi o la estrella de David, por no hablar de esa mítica luna con rostro homenajeando al Viaje a la luna o ese método ede extracción de la voz que, también, homenajea claramente al nacimiento de María; por otro lado, la película de Esteban Sapir recoge en buena parte, además de las influencias del Metrópolis de Fritz Lang, alma mater de la película, la esencia opresiva y sombría del Gran Hermano orweliano, situándonos en una megalópolis futurística donde nadie tiene derecho a expresarse con libertad, donde el monopolio y, por qué no, la autocracia, domina las vidas de unos ciudadanos consumidos por el capitalismo y la televisión.

De este modo, Esteban Sapir realiza un onírico retrato de los tres grandes ideales sociales del siglo XX, nazismo, comunismo y capitalismo, los cuales, a pesar de sus aprentemente diametrales diferencias, se fusionan y entremezclan dando a entender que su verdadera esencia no deja de ser la misma. Pero si hay un movimiento especialmente retrataado en La antena, sin duda alguna ese es el nazismo: desde el ostentoso panel en forma de esvástica en el que ese científico megalómano tan típico de las producciones del primer tercio del siglo XX y su antítesis de salvación en forma de estrella de David, pasando por unas fuerzas del orden que oscilan entre la mera sombra al ser de cuerpo y rostro deformes y rabo de rata, pasando por el brillante a la par que desolador paralelismo entre el hurto de las palabras y la Solución Final, La antena posee una fuerza arrebatadora que la hace totalmente impresincible para cualquier aficinado al buen cine.

Bien es cierto que tanto su estética como su ausencia de diálogos puede dar al espectador cierta sensación de lentitud, pero en el momento en el que éste se ha habituado a tan particular formato, no puede hacer otra cosa sino rendirse a sus pies. Podría alargarme y hablar de muchos otros aspectos de La antena pero, por un lado, no quiero excederme en la longitud de esta crítica, y por otro, es mejor que el espectador descubra por sí mismo los diferentes matices de un película simplemente arrebatadora.
publicado por Oscar Martínez el 6 mayo, 2008

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