Howard vuelve a hacer una película inverosímil e imposible pero más entretenida que la anterior.

★★☆☆☆ Mediocre

Hace unos años Ron Howard llevó un best seller a la pantalla y le salió un flan de peli. Inverosímil y aburrida y que además contó con la campaña de descrédito de la iglesia católica como mejor reclamo publicitario.

Ahora lo intenta con la secuela y vuelve a hacer una película inverosímil e imposible pero más entretenida, corrigiendo los defectos brutales del film anterior.

Hanks, que recoge el cheque sin demasiado esfuerzo, se ve acompañado de un reparto la mar de guapo en una contrarreloj por la que nos perderemos si no tenemos demasiada cultura simbólica. Yo por lo menos me dejo llevar por lo que seguramente serán grotescas explicaciones basadas en estatuas que apuntan al suelo, por ejemplo.

Recreaciones de capillas, a veces logradas y otras cantando a 3D, así como personajes inverosímiles que no tienen explicación alguna, son de lo más flojo del film. A su favor tiene una impresionante fotografía de Totino y una música de Zimmer que recuerda a sus épocas más "tecno", pero que sabe alimentarse de Joshua Bell para el glorioso tema "503"

Un entretenimiento que se sigue con interés, pero que resulta totalmente increíble.

 

Lo mejor: Totino y Zimmer
Lo peor: La inverosimilitud que se le supone
publicado por Israel 'Yojimbo' Nava el 24 julio, 2009

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