Bunny and the bull

 

   Tenemos la costumbre de etiquetar todo, a dividir y separar por grupos, grupos en los que por ejemplo podemos encontrar a dos tipos de personas; las humildes y los prepotentes. Con las películas pasa lo mismo. Esta Hollywood y sus arrogantes Blockbuster, superproducciones a base de talonario, con poco amor y mucho dinero. Por otro lado, donde escasean los medios, sobrevive la imaginación y las ganas e ilusión de quien empieza motivado por hacer las cosas bien, algo bueno, no para ganar dinero. Así, llegaba la inglesa Bunny and the bull al festival de cine europeo en Sevilla, fuera de concurso y dentro del apartado The New Brits.

   Cerca de ser estrenada en su país, 27 de noviembre es el día, pero todavía sin fecha en el nuestro. Su simpático director y guionista, Paul King, presentaba su primer largometraje en una sala mediana, ante un público que difícilmente sabría lo que allí les esperaba. La sorpresa fue mayúscula, sin duda alguna la mayor del festival. 

   Paul, poco conocido por aquí, más bien nada, se licencio cum laude en la facultad de Saint Catherine de la Universidad de Cambridge. Con experiencia en teatro y televisión, ha dirigido las tres temporadas de la desternillante The Mighty Boosh, que goza del éxito de público y crítica en Gran Bretaña y por la que ha sido nominado a un BAFTA como mejor director novel. King ha visto cumplido su sueño de llevar esta emotiva fabula a la gran pantalla obteniendo un resultado sobresaliente y que cuenta con la participación de una correcta Veronica Echegui que consigue destacar y tener mejor acento que por ejemplo Paz Vega. A ésta la acompañan otras dos caras prácticamente nuevas, el sensible Edward Hogg y el "hooligan" Simon Farnaby, un peculiar trío protagonista, totalmente desmarcados de los estereotipados guapos y guapas que suelen realizar este tipo de películas.

   La historia arranca dentro de la casa de Stephen Turnbull, Hogg, de la que hace meses que no sale. Allí todo permanece meticulosamente ordenado, hasta que una plaga de ratones irrumpe su cuidadosa rutina empujándolo a recordar el desastroso viaje que realizó por Europa el año anterior con su amigo Bunny, Farnaby.Todo comenzó con una arriesgada apuesta. Y así, nos  adentramos en un apasionante recorrido de la memoria, redescubriendo una geografía como nunca antes la habíamos visto. Visitando alguno de los mejores museos donde, sin querer revelar mucho, podemos encontrarnos de manera breve a Richard Ayoade, Moss enIT Crowd, ver nevar periódicos o pasar por paisajes formados por todo tipo de fotografías. Una infinidad de detalles por los que merece la pena pagar. Siendo ésta una de sus grandes bazas, el universo que enmarca la aventura, una estética que poco tendría que envidiar al mejor Gondry o incluso al mismísimo Tim Burton.

   Sí. Las comparaciones son odiosas. Algunos se han adelantado a criticar que son estilos demasiado parecidos, rozando la copia, pero señores perdonen que les diga que más quisiera yo contar con tan poco presupuesto y conseguir que comparasen mi opera prima con la obra de semejantes genios del celuloide, que si hubieran tenido la suerte de dirigirla ahora mismo estaríamos hablando de uno de los mayores éxitos del año y una clara favorita en la carrera hacia los Oscars.

   Y es que Bunny and the Bull no es tan solo un bonito envoltorio, ya que esconde, como en los mejores cuentos, tras esa fachada de aparente felicidad, una enorme tragicomedia, desglosando las entrañas del origen de un trauma, mostrando con maestría la fragilidad de algunas personas ante la inevitable pérdida, de como hay veces que cuesta tanto huir del pasado, corriendo una y otra vez tras el viento, e intentamos refugiarnos construyendo las barreras que nos protejan del espacio y el tiempo, impidiéndonos ver una realidad diferente a la que habita dentro de nuestras inestables cabezas.

   No acaba aquí, ya que a través de sus personajes, interpretados con una naturalidad de agradecer, descubrimos una amistad que supera todas las barreras, mostrando las diferentes formas de vivir los desiguales aspectos de la vida. Que por mucho que lo intentemos, o nos aconsejen, existen factores que se escapan de nuestra comprensión, llevándonos a tropezar una y otra vez contra la misma piedra, hasta que un día te levantas, te mimetizas y aprendes a convivir con los miedos, a superarlos. Ya lo decía Ivan Ferreiro; la pena dura tanto como quieras tu seguir llorando.

   En lo referente a la banda sonora, los Ralfe Band, también novatos en esto del séptimo arte, acompañan a la perfección el sinuoso viaje rodado con un estilo algo vidioclipero y que cuenta con muchas horas de trabajo en postproducción y sala de montaje, aportándole dinamismo y frescura al metraje que hace que fluya con naturalidad a lo largo de los 97 minutos que dura.

   A tener muy en cuenta la particular visión que se muestra de España, sus tradiciones y fiestas, por la que no nos tenemos que sentir indignados, ya que enseña las dos caras de la moneda de una cultura que incluso aquí suscita mucha polémica. Retratada desde la barrera, con afecto y mucho respeto. 

   La moraleja de esta cinta, inspirada en las desventuras del abuelo de Simon Farnaby, nos hará reír y posiblemente llorar, explicándonos que sin riesgo no hay gloria, que tenemos que jugar, que apostar, y yo ya lo he hecho. Apuesto por Paul King, y su especial apellido, que posiblemente dentro de muy poco se lo merezca. 

   Larga vida al rey.

 

Lo mejor: Que si tiene algo de suerte podría convertirse en
Lo peor: Una previsibilidad justificada, las malintencionadas comparaciones de algunos envidiosos y una escena de cama algo precipitada.
publicado por Ñete Rodriguez Peña el 21 noviembre, 2009

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