Vexille resulta ser un producto notablemente entretenido que siembra la semilla de diversas preguntas, algo que muchos otros títulos de ciencia-ficción ni tan siquiera atisban.

★★★☆☆ Buena

Vexille

Dirigida por Fumihiko Sori y coescrita junto a Haruka Handa, responsable de la adaptación del manga de Masamune Shirow Appleseed, nos llega esta Vexille, película que fue presentada en la sección Anima’t del pasado Festival de Sitges y que ha llegado recientemente al formato doméstico en nuestro país

Año 2077. Ha transcurrido una década desde que Japón decidiera separarse de las Naciones Unidas y aislarse completamente del resto del mundo. La megacorporación Daiwa, que controla el mercado mundial de la robótica, ha ocultado las islas tras un sofisticado campo electromagnético que impide tanto la salida como la entrada del territorio. La vida en Japón es un misterio absoluto para el resto del planeta. Esta decisión fue tomada a consecuencia de un tratado de la ONU que frenaba el desarrollo de la biotecnología y la robótica, que ha alcanzado un alto grado de perfeccionamiento. Cuando los Estados Unidos descubren una extremidad humana creada a partir de biometal, deciden enviar un grupo de fuerzas especiales llamado Sword, liderado por la comandante Vexille, con el objetivo de averiguar que está ocurriendo en el país del sol naciente.

Sin duda alguna, la principal baza de Vexille son sus espectaculares efectos especiales, verdaderamente dignos de elogio: sirviéndose de una tecnología similar a la empleada en Beowulf, aunque digitalizando el dibujo en lugar de la imagen filmada, Vexille es todo un portento visual tanto en el campo de las texturas, como en el del movimiento, como en el de los decorados.

En cuanto a la trama, he leído críticas bastante negativas sobre Vexille, pero por su parte un servidor debe decir que tanto su historia como, sobretodo, su trasfondo, no tiene nada que envidiar a la media de las películas de ciencia-ficción: tomando elementos tanto físicos como conceptuales de títulos como Blade Runner (los androides de la película comparten ese anhelo de humanidad con los Replicantes de Scott, aunque por diferentes motivos) o Dune (los Jags de metal guardan sospechosas similitudes con los Shai-Hulud), la película de Fumihiko Sori plantea numerosos frentes para la meditación, si bien su principal defecto es que apenas sí ahonda en ellos. De este modo, Vexille apenas sí profundiza en la megalomanía del científico Kirasagi y esa suerte de conciencia aria en clave nipona -que tiene mucho más de crítica de lo que pudiera parecer-, ni en la paulatina deshumanización de los japoneses tras ese particular telón de acero, limitándose a ofrecer un buen número de imágenes simbólicas que se antojan insuficientes.

Por contra, los personajes principales de Vexille resultan bastante arquetípicos, al igual que predecibles las relaciones entre ellos, siendo algunos de sus secundarios los que aportan cierto dinamismo a una interacción sujeta a un trepidante ritmo narrativo en el que los apabullantes efectos especiales concentran toda la atención. Aun así, Vexille resulta ser un producto notablemente entretenido que, como decía, siembra la semilla de diversas preguntas, algo que muchos otros títulos ni tan siquiera atisban.
publicado por Oscar Martínez el 25 abril, 2008

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