La historia es un mejunje de sus novelas más populares con sus carreras de coches, sus adolescentes estereotipados y eternos y sus historias románticas adictas al happy ending.

★★☆☆☆ Mediocre

Perdona si te llamo Amor

El fenómeno Moccia es sorprendente. Puede que aquí aún no nos demos cuenta pero la cosa empieza a tener unas dimensiones preocupantes porque sus libros ya pueblan estanterías en todas las librerías del país y si nos hemos librado del furor de sus adaptaciones cinematográficas (no dirigidas por él, algo positivo al menos) de Tre Metri Sopra il Cielo y de Ho Voglia di Te la cuestión es que al última, Scusa ma ti chiamo amore, tiene todas las papeletas de llegar próximamente a las pantallas por la acogida de la novela.

No quiero decir que Moccia sea insoportable. ¡Valgame Dios! De hecho creo que Tre Metri consiguió dar un nuevo impulso al cine juvenil de los últimos años sin el que filmes como Notte prima degli esami o incluso Manuale D’Amore no hubiesen sido posibles. El problema es que parece que esta imparable ascensión al olimpo literario y cinematográfico ha llegado a cotas insospechadas con publicación de libros como rosquillas y ahora con la dirección de la adaptación de una de sus novelas con él mismo como director.

Scusa MaTi Chiamo Amore tiene un problema literario, es decir, es como cuando te lees del tirón todos los libros de Isabel Allende, cansa. La historia es un mejunje de sus novelas más populares con sus carreras de coches, sus adolescentes estereotipados y eternos y sus historias románticas adictas al happy ending. La única novedad que introduce es intentar entrelazar el mundo de los adultos con el de los adolescentes con una historia que hace aguas por todas partes gracias a la elección poco meditada de Michela Quattrociocche como nínfula que atormenta a Alex un cuarentón en crisis que choca contra ella y acaba enamorado como un crío.

Si Alex es un personaje enternecedor y acertadísimo con un actor como Raoul Bova curtido en papeles varios y de características a veces bastante preocupantes (sobretodo en el periplo americano) su partenaire consigue cargarse cualquier química existente.

Moccia detrás de la cámara hace más o menos lo mismo que en los libros, se convierte en un pizpireta Bridget Jones copiando la estructura de las comedias inglesas de solterones sin pudor y concediéndose la licencia, incluso, de hacerse guiños a sí mismo (me remito al chico alicate gigante en mano en el puente Milvio cargándose el Luchetti). Parece que Federico cree fidedignamente en el amor juvenil y loco y que no está dispuesto a abandonar el terreno del cine a corto plazo. Muchos estarán encantados, otros no tanto.

Lo mejor: Es una comedieta de fácil digestión.
Lo peor: Pasa como con sus libros, vista una… y el señor Moccia es un excelente escritor pero ponerse detrás de una cámara requiere un poco más de distancia.
publicado por Ana Belén Pacheco el 25 abril, 2008

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.