Excelente comedia retro que bebe de varias fuentes muy en boga ahora mismo; el revival grindhouse, el fenómeno casting (OT, Tienes talento y sucedáneos), y los mockumentarys.

★★★★☆ Muy Buena

Finishing de game

Gracias en parte a las nuevas tecnologías y a la actual actitud imperante de rizar el rizo, parece que últimamente hay un aluvión de títulos de un género que hasta el momento había quedado relegado a un segundo plano, estamos hablando de los falsos documentales. Aunque me consta que Orson Welles ya hizo uno en los setenta, el primero que yo recuerdo es Zelig (83) de Woody Allen, seguido muy de cerca por This is Spinal Tab (84) de Rob Reiner, y hay que hacer un salto de casi dos décadas para que el género entre en verdadero auge, con títulos tan dispares como Very Important Perros (2000), Cravan Vs. Cravan (2004), CSA: The Confederate States of America (2004), Borat (2006), Muerte de un presidente (2006), American Zombie (2007) o Big Man Japan (2007). Como ven, los falsos documentales (o mockumentarys) se atreven con todo, desde boxeadores hasta superhéroes, e incluso una de las actuales sitcoms que pegan fuerte en la pequeña pantalla, The Office, basa parte de su éxito en el uso de esta técnica, y no creo que esté desencaminado al verle a esta serie cierto parecido, formal y de tono, con la película que hoy nos ocupa.

Finishing the game nace de un hecho histórico: el 20 de Julio de 1973 Bruce Lee muere de repente a los 32 años, dejando tras de sí 12 minutos de imágenes de su último filme, Juego con la muerte. El estudio no quiere perder tajada, así que decide buscar un sustituto que acabe el filme, los encargados de tal proyecto serán el hijo del productor y la directora de casting, ambos totalmente incompetentes. La peli hace un buen estudio de personajes, regalándonos una surtida galería de perdedores y frikis que quedan en la mente del espectador para el recuerdo. Entre ellos un vendedor de aspiradoras, un barbudo doctor hindú, un americano con antepasados chinos y un actor especialista en el cine de artes marciales.

Esta es una película pequeña, sin grandes pretensiones y ninguna estrella (salvo James Franco y ese cameo de Ron Jeremy, la estrella del porno), que parece hecha entre amigos, y donde el espectador puede palpar parte del buen rollo que transmite la cinta. Detrás de todo este disparate está Justin Lin, un director que hasta ahora parecía estar más preocupado en engrosar su cuenta corriente que en hacer algo interesante, pero que supera la prueba con creces y le otorga a la cinta el ritmo ágil que necesita. Aunque en un principio no parece el candidato ideal para el filme (el chaval es el autor de A todo gas 3, tú dirás), no es casual que Lin se haya comprometido con el proyecto, dirigiéndolo y escribiendo parte del libreto, ya que es un fan declarado de las pelis de Bruce Lee desde su niñez, cosa que puede demostrar añadiéndole a la cinta rasgos característicos del cine de artes marciales, exagerarlos y lograr que el espectador se parta la caja con ello. Pero este ejercicio de estilo no se limita tan solo a un género, el hecho de situar la acción en los setenta permite a Lin tontear también con las sitcoms y las series policíacas de la época, y esto amigos, no tiene desperdicio.

Lo que aquí tenemos, en definitiva, es una excelente comedia retro creada para hacer saltar empastes, donde el ritmo, las interpretaciones, la ambientación y la banda sonora se confabulan perfectamente al servicio del bien para lograr una original película que bebe de varias fuentes muy en boga ahora mismo; el revival grindhouse, el fenómeno casting (OT, Tienes talento y sucedáneos), y los mockumentarys. Quién sabe, quizás de aquí a unos años caiga una secuela igualmente desternillante; Finishing the Crowd.

La frase: “Desde que tengo uso de razón, siempre quise ser ninja o actor.”

Lo mejor: La ambientación setentera y los aspirantes a Bruce Lee.
Lo peor: Que Casi 300 esté en cartelera y esto no haya quien lo estrene en España.
publicado por Cecil B. Demente el 20 abril, 2008

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