El pulso de James Gray, la potente presencia de Joaquin Phoenix o un guión milimétricamente construido, hacen que esta noche sea realmente inolvidable, trágica en su contenido, y espectacular en su aspecto formal.

★★★★☆ Muy Buena

La noche es nuestra

En los últimos años, el género de gángsters ha tenido una muy buena, por no decir excelente, repercusión en el cine (norteamericano, básicamente). Tanto Scorsese y Cronenberg con sus póstumas obras maestras, Infiltrados y Promesas del Este, respectivamente, o Scott con su estupenda American Gangster, este género ha ido elevándose o, más bien, renaciendo de ese estado de paro que sufría hace apenas pocos años. La noche es nuestra no es una excepción; tampoco es la mejor muestra vista en este breve período de gran avalancha mafiosa, pero sí una grandiosa demostración del buen estado del cine hollywoodense no propiamente comercial, de lo que se puede hacer una base como la del film que nos ocupa. Probablemente el sujeto en cuestión no sea lo que más destaque; al fin y al cabo, hemos visto ya esta relación amor-odio fraternal en numerosas ocasiones.

Pero es el pulso de James Gray, la potente presencia de Joaquin Phoenix o un guión milimétricamente construido, hacen que esta noche sea realmente inolvidable, trágica en su contenido, y espectacular en su aspecto formal. Aunque si hay algo que también resalta es la caracterización de una Nueva York fiestera y dividida, que actúa, probablemente, como otro personaje en esta shakesperiana obra cinematográfica. Y es que no hay nada mejor en una historia como esta que unos personajes profundamente tratados, extremadamente humanos, creíbles en todos sus movimientos. Para ello, Gray no ha tenido más suerte con un casting realmente asombroso. Junto al ya mencionado e inmejorable Phoenix, el eje central del film, se sitúan dos de sus familiares más próximos: su hermano (un Mark Whalberg que cumple, como casi siempre, con su papel) y su padre (un también insuperable Robert Duvall).

Pero, como en toda película de cine negro, destaca no solo por su presencia física (aunque en su mayor parte sí, quizás) la espectacular Eva Mendes, en el personaje peor tratado de la historia, con un desenlace bastante tópico. De todas maneras, este es un film a tener muy en cuenta, una prodigiosa y vertiginosa tragedia con el más puro estilo clásico con uno de los finales más estremecedores vistos en muchos años. Sin duda, La noche es nuestra es imprescindible para todo buen cinéfilo que disfrute con ese tipo de joyas que, a la vez que presentan un sensible y profundo contenido (aquí, el mensaje, es algo conservador, quizás), entretienen de una forma alucinante.

Lo mejor: Su enorme valentía, y unos Phoenix y Duvall soberbios.
Lo peor: El personaje de Eva Mendes, bastante desaprovechado.
publicado por Ramón Balcells el 19 abril, 2008

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