Un oscuro cuento de hadas de atmósfera irreal y perturbadora, terror poético de extraordinaria belleza formal y duro visionado.

★★★★☆ Muy Buena

Valeria y su semana de las maravillas (valerie a týden divů)

Es imposible no sentirse fascinado por el laberinto semántico que representa Valeria y su semana de las maravillas, un filme por el que sobrevuelan ecos de Alicia en el país de las maravillas y que está basado en un relato del escritor surrealista Vítězslav Nezval.  Checoslovaquia, por aquel entonces, se encontraba en plena resaca de la Nouvelle Vague y su cine daba cobijo a todo tipo de géneros, desde la ópera western hasta la comedia de ciencia ficción, pero esta película se desmarca de aquella peculiar filmografía al tocar dos temas que no le son nada familiares; nos referimos al erotismo y al terror. Se trata, sin duda, de una rareza entre las rarezas y de un filme poco convencional que bien podría hacer las delicias de Luis Buñuel o Dario Argento.

Su historia sigue la enigmática lógica de un sueño preadolescente, el realizador Jaromil Jireš nos (des)coloca en el extraño universo de Valeria, una huérfana de 13 años que vive con su tétrica abuela en un ambiente de represión religiosa. La llegada al pueblo de un grupo de misioneros y artistas ambulantes iniciará una cadena de acontecimientos que provocarán que peligre su vida, su juventud y su inocencia, y en los que Valeria, con la ayuda de unos pendientes mágicos, deberá enfrentarse a un diabólico vampiro.

La película elabora una inquietante metáfora sobre el despertar sexual de una niña, tomando como base elementos del folclore y de los cuentos infantiles, algo sospechosamente similar a lo que años más tarde realizarían Richard Blackburn con Lemora, un cuento sobrenatural (1975), y Neil Jordan con En compañía de lobos (1984). Lesbianismo, incesto, vampirismo e iconografía cristiana, se dan de la mano en un filme donde el contraste entre pureza y obscenidad está muy presente, y donde los exteriores bucólicos y la atmósfera de colores suaves, no hace más que intensificar una malsana corriente subterránea de maldad y vicio.

Jaroslava Schallerová, la joven actriz que da vida a Valeria, se nos presenta a través de un aura de afligida belleza y sinuoso erotismo, llegando incluso a protagonizar alguna escena de desnudo, un recurso que el director checo utiliza con naturalidad y sin afectaciones. Simbólica y onírica, la película parece en muchos momentos no querer darle ni la hora a la trama que la sustenta, logrando diversas imágenes alegóricas que hacen de la película puro libertinaje plástico, como cuando nos muestra a cuatro chicas bañándose juguetonamente en un río, gente auto flagelándose por la calle o un vampiro acompañado por un caniche.

Lo que tenemos aquí es un oscuro cuento de hadas de atmósfera irreal y perturbadora, terror poético de extraordinaria belleza formal y duro visionado, por su alucinada gramática y sintaxis. Un filme de culto que destila onirismo y misterio por los cuatro costados, y que cuenta con una sugerente banda sonora. Como curiosidad añadir que recientemente ha surgido The Valerie Project, una grupo de música que re-interpreta los temas de la banda sonora mientras hace un pase de la película.

La frase: “Buenas noches, mi dulce morena.  Duerme apaciblemente esta noche y cuando despiertes, mi cielo, no reveles tu secreto.”

Lo mejor: Su fuerza alegórica.
Lo peor: Su alucinado montaje no es para todos los públicos.
publicado por Cecil B. Demente el 25 julio, 2009

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.