Arma fatal (horrible título) es una juguetona jugarreta de marketing, un habilísimo ejercicio de comedia estrafalaria, inyectada de acción y sustentada en un guión ágil e inverosímil, dinámico y, al tiempo, reflexivo, que remarca con mucha elegancia el particular british way of life, gamberro si se lo propone, aunque sin abandonar la ironía, el detalle paródico que no cae nunca en lo soez, sino que es una lectura adulta y casi cinéfila.
La ampulosa vistosidad visual esconde miserias, evidencias de la trastienda cultural de un país que esconde en la educación y en las buenas formas una chabacana y autocomplaciente forma de entender la vida y los problemas: el policía protagonista, tan competente que sus superiores le han destinado a la dulce y plácida campiña inglesa, cansados de que les ponga en evidencia de continuo, hace de Hercules Poirot, de Grissom de aldea, batallando contra el criminal (escondido en la masa social, como le gustaría a Agatha Christie) y contra la pazguata, mojigata y misántropa sociedad rural en la que éste opera. El film bascula entre el diálogo inteligente (los hay, no crean) y la acción tremebunda, salpimentada de gore en muy contadas pero apabullantes briznas; entre la diversión pura y la intriga detectivesca.
De todos estos escenarios sale Arma fatal airosa: divierte, contagia un sano sentido del cluedo clásico y hasta tiene uno de esos finales apocalípticos que consigue que salgas de la sala con, al menos, una sonrisa en la cara.
Lo mejor: La habilidad para mezclar géneros y que la mezcla no chirríe. Comedia estupenda, acción bien planificada, diálogos memorables...
Lo peor: Que tal vez sea un poco larga...
