Maquiavélica historia, llena de recovecos donde los resortes e hilos que mueven nuestras vidas sin que ni siquiera lo sospechemos, aparecen en forma de monstruos cotidianos que viven junto a nosotros dispuestos en cualquier lugar a despedazarnos.

★★★☆☆ Buena

Concursante

Muy esforzado primer trabajo de Rodrigo Cortés, que ya había dado muestras de su valía en el campo del cortometraje.

Aquí, contra casi todo pronóstico, huye del convencionalismo narrativo, para contarnos una maquiavélica historia, llena de recovecos donde los resortes e hilos que mueven nuestras vidas sin que ni siquiera lo sospechemos, aparecen en forma de monstruos cotidianos que viven junto a nosotros dispuestos en cualquier lugar a despedazarnos.
Cortés, cuenta la pesadilla de un ser humano normal y corriente, buena persona, que solo desea ser feliz, mezclando sabiamente, aunque de forma desigual, el humor con el drama.

De esta manera, el primer tercio, aquél donde el protagonista, al modo de William Holden en "El crepúsculo de los dioses", nos cuenta el comienzo de su fin, mostrándonos su vida cotidiana, amigos y, sobre todo, familiares, es sencillamente prodigioso. Gracias a un ejemplar montaje y un vivísimo ritmo, nos deleitamos y reímos de lo lindo. Y más tarde, con algunos personajes, como el asesor fiscal (o algo así) al que acuden con el tiesto de regalo en la mano, simplemente nos descojonamos.

Luego, con la aparición del personaje de Chete Lera (magnífico, una vez más) asistimos de forma rápida a un completo curso de microeconomía, que nos desvela, de forma en verdad pavorosa la realidad que vivimos cada día, económicamente hablando.
Lastima, pero normal, que en los minutos siguientes todo sea irregular, con buenos momentos, como el registro a la casa del protagonista, con ese "zapateo" del mismo, con otros un tanto caóticos, donde Svaraglia, que logra, en líneas generales, un excelente trabajo, se muestre un tanto desatado.

Y al final, asistimos a un hermoso epílogo, magnificado por una bellísima música. Un epílogo que, por cierto, se perdieron la mitad de los espectadores de la sala en la que la vi, pues se fueron a todo correr como si se hubiese desatado un incendio. Ni lo entiendo ni nunca lo entenderé. No sé, la verdad, para qué va cierta gente al cine.
Lo mejor: Leonardo Sbaraglia y Chete Lera. El trabajo guionístico y la puesta en escena.
Lo peor: Es algo irregular.
publicado por Iñaki Bilbao el 3 abril, 2008

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