Death Note

Uno no es que sea muy aficionado a los cómics en general ni a los mangas en particular, pero me gusta una buena historia, independientemente del formato en el que se me ofrezca.

Probablemente influenciado por las muchas series de anime que se pasaban en televisión cuando era más joven, es probable que mi idea general sobre los manga esté un tanto pervertida y, tal vez por eso, rechazo en muchas ocasiones acercarme a ellos porque no me apetece demasiado leer sobre jovencitos escolares enamoradizos, guerreros con superpoderes sin límite o cosas por el estilo.

Sí, un cliché, sin duda. Lo admito.

De hecho, cuando me aproximo a algo surgido de un manga es por recomendación ajena o sencillamente por desconocimiento (cuando vi “Crows” no sabía que procedía de un cómic).

Por eso, el que una película como “The death note” me haya causado una buena impresión, me ha hecho pensar en cuantas historias buenas no estaré dejando pasar tan solo por tener una idea equivocada sobre qué se cuece en el mundo nipón de las viñetas. Prometo enmendarme. De hecho, ahora estoy leyendo “20th century boys” y me está resultando de lo más interesante.

Y digo que me ha causado una buena impresión siendo totalmente consciente de las muchas carencias del film pues, analizándolo cuidadosamente, no tardas en darte cuenta de que cinematográficamente se trata de una producción bastante pobre que se aguanta, fundamentalmente, gracias a la originalidad de su propuesta.

 

Pero vayamos a la película, o mejor dicho, las películas. Y es que la adaptación de “The death note” se articula como un díptico en el que, durante cerca de cuatro horas, se nos narra el ascenso y la caída de un ambiguo personaje, Kira, creación de un joven de instituto en cuyas manos cae la “death note” que da título al film.

Este objeto (mágico por supuesto) es una libreta que está vinculada a una especie de demonio llamado “shinigami” y que tiene el poder de matar a cualquiera cuyo nombre sea escrito en ella.

Si en la adaptación de Spiderman a la gran pantalla por parte de Sam Raimi se nos decía aquello de que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, dicha frase se ajustaría como un guante al tema de fondo de esta película.

 

Un día como cualquier otro, un jovencito angustiado por el aumento de la delincuencia en su ciudad, recoge del suelo una libreta que parece haber caído del cielo. La libreta está en blanco pero contiene una serie de puntos que explican para qué sirve. El muchacho, apenas conoce que tan solo necesita escribir un nombre en una de sus hojas para que dicha persona muera, decide utilizar dicho poder para hacer la justicia que La Justicia no hace. Me explico: Kira se dedica a matar a todos aquellos delincuentes especialmente brutales que consiguen eludir su castigo gracias a los resquicios legales.

Por supuesto, este poder se le irá yendo progresivamente de las manos y acabará utilizándolo contra personas que probablemente no se lo merecían o haciendo matanzas indiscriminadas de personas que, sencillamente, se oponen a su forma de impartir justicia.

En el otro lado del ring encontraríamos a un siniestro personaje, “L”, un muchacho inteligentísimo que tiene que estar constantemente comiendo dulce para alimentar a su hipertrofiado cerebro. “L”, se convertirá en el principal enemigo de Kira al ofrecer su talento y su inteligencia a la policía en la búsqueda y captura del misterioso asesino.

 

La principal baza de la producción recae, como ya os podéis imaginar, en la historia. Sus giros y trampas (sobretodo en la segunda parte) convierten su premisa argumental (un tanto grotesca, tampoco nos engañemos) en un carrusel de sorpresas en el que no faltan además momentos de tensión, intriga y hasta humor (casi todos ellos gracias a las intervenciones del shinigami).

Lamentablemente, la capacidad de sus responsables para condensar la  historia en una película no es lo bastante alta y, las más de dos horas de la segunda parte pesan como una losa, especialmente los últimos veinte minutos cuando ya está resuelto todo el pastel.

Los efectos especiales tampoco son una de sus mejores bazas. Tanto los efectos de transparencias y fundidos del montaje como las propias criaturas (CGI) que aparecen en el film resultan demasiado caseras… televisivas, al menos. Digamos, por entendernos, que el conjunto no desmerecería de un episodio especial de “Xena, la princesa guerrera”.

 

Tampoco destacan excesivamente las interpretaciones de sus protagonistas. Si bien hacen un trabajo correcto, el muchacho que interpreta a Kira aprovecha demasiado su rictus circunspecto con la excusa de que está ocultando una segunda identidad a sus padres y compañeros pero, al final, da la sensación de que carece de muchos más recursos interpretativos. Algo parecido ocurre con “L” quien, una vez entendemos que se trata de una especie de friki superdotado, abusa excesivamente del careto con ojos abiertos de par en par para tratar de transmitir esa frialdad inteligente que le ha hecho famoso.

 

No obstante y, a pesar de estos incovenientes, “The death note” cuenta una historia interesante con dilema moral incluído que invita, cuando menos, a echarle un ojo al material de partida.

Lo mejor: La originalidad de la propuesta pese a su bizarrismo.
Lo peor: La duración y el escaso empaque de la producción
publicado por Javier Paez el 27 julio, 2009

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