Sin duda la cima de la creación de su autor.

★★★☆☆ Buena

El catalán José Ramón Larraz como tantos otros dedicados al terror de serie b vivió sus mejores momentos desde mediados de los setenta a mediados de los ochenta. En esos momentos realizaba lo más salvable de su labor, incluso se pueden considerar filmes realmente interesantes. Estigma en 1980 y en 1982 la que sin duda es su mejor obra Los Ritos sexuales del diablo, ambas con el rostro de una de sus musas Helga Liné.

Por desgracia el hombre termino realizando obras tan terribles como Sevilla Connection (1992) para lucimiento de los morancos o la pésima Descanse en piezas en 1987. Por eso es de suponer que fuera de los dos títulos comentados su filmografía es prescindible. Moviéndose de forma descarada en los 70 en el erótico que le mantuviera con buenas recaudaciones aunque las críticas no le fueran favorables. Directores de la explotación de la época que sin embargo no pocas veces sorprenden con elogiosos débitos en el peregrinaje del celuloide de alcantarilla donde se ganaban la vida.

Estigma es toda una sorpresa ya que por una vez Larraz se preocupa de contar una historia dejando por debajo elementos eróticos estando por una vez en primera línea los aspectos terroríficos de un guión ambicioso. Conjugar de forma correcta la tormentosa relación Madre e Hijo con los poderes de este rallando dentro de lo cánones religiosos con los estigmas de protagonistas es una apuesta valiente del que sale decentemente favorable gracias a la habilidad del realizador de transmitir el desconcierto y la turbiedad del personaje principal. Bien es verdad que la fotografía es plana, sin apenas aportar colorido, la puesta en escena es deudora de un telefilme de serie b. La banda sonora es machacona con una única partitura y el realizador de vez en cuando nos obsequia con algunos encuadres imposibles sin olvidar ciertos Zooms característicos. Las interpretaciones irregulares siendo el mejor aporte la solidez del buen actor Emilio Gutiérrez Caba que acaba de estrenar Paisito.

Todos estos defectos no son óbice para disfrutar de sus grandes virtudes, es innegable la angustia que provocan ciertas visiones que van dañando poco a poco a nuestro protagonista, se entra dentro de estamentos macabros jugando loablemente con la ambigüedad del individuo, sin dejar claro si nos enfrentamos a alguien malvado o acaso una victima de las circunstancias que le rodean. Sin duda la cima de la creación de su autor siempre movido en derroteros poco ambiciosos, es capaz dentro de sus limitaciones de crear una obra extraña con una historia bien desarrollada dentro del terror hispano sobrenatural.
Lo mejor: La ambigüedad del protagonista, el guión.
Lo peor: Ciertos aspectos técnicos y algunas actuaciones.
publicado por Andrés Pons el 27 julio, 2009

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