Creo que he encontrado la fórmula para crear una película americana, supuestamente independiente, con pretensiones a llevarse una estatuilla. No hay nada como seguir estos sabios consejos:
– Los títulos de crédito. Es imprescindible que los títulos de crédito estén escritos con letras de máquina de escribir antigua. Si no se sigue esta sencilla regla inicial, es muy probable que la película fracase.
– La participación de un actor de éxito multitudinario e internacional, como por ejemplo Steve Carell, al que lo único que se le pide es que se contenga, que no muestre esa faceta de histrión, esos tics exagerados que tanta pasta le hacen ganar en una superproducción al uso. Esto debe de ser difícil de mantener, y el actor, en algunas ocasiones, es incapaz de contenerse, como cuando sale con su hermano, la novia y una chica de su infancia de copas por la noche, y se pone a bailar. Ese es mi Steve Carell, si señor.
– Contratar a alguna actriz que esté pasando por una mala racha, darle un guión sin matices, y no ser capaz de sacarle su verdadero arte. Juliette Binoche, estás a años luz de títulos como “Herida” o “Chocolat”. Cualquier tiempo pasado, en tu caso, fue mejor.
– Una trama sencilla, en la que el protagonista se enamora de la novia del hermano. A pesar de que la trama parezca calcada la reciente “La joya de la familia” (misma familia tipo campamento de verano, mismas situaciones y mismos desencuentros amorosos), en esta ocasión, al ser independiente, la casa y la zona son más cutrecillas, más decadentes, por así decirlo, como le corresponde a toda película independiente que se precie.
Lo siento, pero uno está ya bastante vacunado de productos como este. Da la impresión de que algunos actores participan en películas de supuesto bajo presupuesto (y digo supuesto porque no estoy tan seguro de que sea así) con la misma dedicación que cuando viajan a la India o a Africa a hacerse la foto. “No, no, no me interesa la pasta, sino la interpretación”, parecen proclamar a los cuatro vientos. No se dan cuenta, los que paren películas de este tipo, que se necesita un guión sólido, que transmita sentimientos, emotivo y tan fuerte que cree adicción. Fue el caso de “pequeña miss sunshine”, una joya por lo que tenía de sátira y por la fuerza de algunos personajes, como el de Steve Carell, por ejemplo, que convenció en aquella ocasión y se queda a las puertas en esta. Una interpretación mediocre, en la que el espectador avispado espera a que suceda algo interesante que jamás sucede. Un final previsible desde los mismos títulos de crédito, sin matices, sin giros.
Una película, en definitiva, que no te empuja a verla una segunda vez.
