François Girard fracasa estrepitosamente al intentar hacer de Seda una película cautivadora por su belleza formal al no tener detrás un sólido guión que respalde su apuesta visual.

★★☆☆☆ Mediocre

Seda (Silk)

El éxito de películas como Orgullo y Prejuicio, o Expiación ha dado pie a una auténtica proliferación de dramas románticos de época. Y es que el cine se mueve al ritmo que marcan las modas y las tendencias de los éxitos de taquilla, y en menor medida, los éxitos de crítica y premios. Que nadie sea malpensado por haber elegido dos películas protagonizadas por Keira Knightley para hablar de Seda, sino que por casualidades de la vida, son los dos títulos más representativos de esta nueva tendencia.

Diez años después de El Violín Rojo nos llega esta Seda, adaptación de la novela de Alessandro Baricco que narra la fascinación que siente un joven francés por el misterioso y exótico Japón de mediados del siglo XIX. Seda tiene un buen arranque con una bella e hipnótica escena inicial, pero la fuerza visual que imprime Girard se va diluyendo a medida que va progresando el film. En primer lugar, hay que señalar que la película posee un ritmo lento pero necesario para que el espectador pueda deleitarse con las imágenes, de gran belleza formal, que ofrece el cineasta canadiense. Sin embargo, esta lentitud puede llegar a tornarse exasperante debido a una historia inconexa, que avanza por impulsos, sin rumbo fijo, y a la que no se le advierte propósito alguno. Y es que hay momentos en los que da la impresión que Girard no sabe lo que quiere contar y decide adentrarse por los caminos más tortuosos y esperpénticos. Michael Pitt, sobre el que descansa todo el peso de la película, no contribuye a su mejoría al realizar una interpretación distante, fría, carente de emociones. Keira Knightley sale más que airosa de un personaje indefendible, plano y bobalicón hasta el extremo. Habría sido muy de agradecer una mayor presencia en pantalla de Alfred Molina y Köji Yakusho, que aportan a sus personajes la dignidad y sobriedad que le falta al conjunto.

François Girard fracasa estrepitosamente al intentar hacer de Seda una película cautivadora por su belleza formal al no tener detrás un sólido guión que respalde su apuesta visual. Y si a eso le añadimos un protagonista absoluto que se vuelve más insportable por minutos, el resultado no puede ser bueno.

     

     

     

Lo mejor: Su belleza formal y el trabajo de Keira Knightley, Alfred Molina y Köji Yakusho.
Lo peor: Su endeble guión y la glacial interpretación de Michael Pitt.
publicado por Francisco Bellón el 21 marzo, 2008

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