El director consigue convertir casi la última hora de metraje en un ejercicio de fuerza y ritmo fílmico. El viaje de un regreso con una cámara que corre; una cámara que nos descubre la selva; una cámara que ilumina la civilización y su sol. Y todo pa

★★★★★ Excelente

Apocalypto

Llegado el caso, una situación de peligro puede provocarnos una paralización absoluta, o bien, escapar…echar a correr. Incluso, enfrentarnos a eso que nos acecha. Enfrentarnos a esa emoción llamada miedo. Ese miedo hace al hombre cobarde, y a las sociedades intransigentes. El miedo cierra cualquier esperanza de libertad. Desalentador ¿Y si corremos, escapamos, huimos hacia delante? Cuentan en cursos de gestión del estrés dirigido a ejecutivos de grandes multinacionales (esos que pasan horas ensimismados delante de una pantalla de pc, pendientes de valores que suben y bajan, sentados horas y horas en el asiento de un avión y los que sólo piensan en engullir comida basura) que en nuestros genes están impresas las huellas del cazador y de la presa, como dos caras de la misma moneda.

Enfrentados al peligro (a lo que nos acecha), puede manifestarse el miedo que paraliza, como EL BOSQUE / LA ALDEA de M. Night Shyamalan, o el otro miedo que impulsa a buscar la libertad, como EL FUGITIVO de Andrew Davis. Correr o no correr, ésa es la cuestión. En APOCALYPTO, de Mel Gibson, se corre…y mucho. La tendencia en el cine contemporáneo norteamericano es que cualquier búsqueda de libertad se hace desde lo individual. El protagonista que “despierta” y aparece como salvador de sólidos valores: la justicia, la identidad o la misma institución familiar en APOCALYPTO.

La última producción de Mel Gibson es puro ejercicio cinematográfico. Y toda la narración gira entorno a una persecución. Todo ello ambientado en un “hipotético” final del imperio maya. Una civilización amenazada por la autodestrucción, y por una invasión a punto de empezar. Tanto en una situación como en otra, el miedo se apodera de todo ese mundo como mecanismo de opresión por parte de los poderosos. Pero hay un hombre que intentará preservar a su familia y la identidad de su pueblo.
El director consigue convertir casi la última hora de metraje en un ejercicio de fuerza y ritmo fílmico. El viaje de un regreso con una cámara que corre; una cámara que nos descubre la selva; una cámara que ilumina la civilización y su sol. Y todo para mostrarnos al cazador convertido en presa…la presa que lucha por su libertad. A todo esto, se habla en maya. Afán de realismo, como ya el director lo hizo en LA PASION. Mel Gibson con su tercera película constata lo que ya se empezaba a vislumbrar: su genialidad.
publicado por José Antonio Bermúdez el 20 marzo, 2008

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