La película se queda en una especie de limbo (genérico y formal) en el que reina el aburrimiento, y del que sólo te sacan algunas escenas especialmente líricas, o especialmente impactantes.

★★☆☆☆ Mediocre

Soy un cyborg

Es la primera vez que salgo del cine sin poder decir con seguridad si me ha gustado la película o no, lo cual es un punto a favor de la película, por lo que finalmente podría decir que sí me ha gustado, pero eso significaría que pierde el punto a favor que le otorga el hecho de ser la única película que no sé si me ha gustado, por lo que entro en un bucle del que no puedo salir. También es la primera vez que una película hace que entre en un bucle, lo que sería otro punto a favor. Mejor que decida otro si me ha gustado.

El punto de partida de la película es, como poco, original. Una joven que se cree un cyborg, aunque nunca se le ha revelado su función, es ingresada en un manicomio. Allí, se niega a comer y conoce a un chico, tan loco como ella, que intentará ayudarla, tanto en la búsqueda de su cometido en la vida, como en su problema alimenticio.

El director, Park Chan-Wook, famoso por las escenas extremadamente duras y violentas de su trilogía sobre la venganza: “Sympathy for mr. Vengeance” – película sobrevalorada hasta extremos insospechados –, “Oldboy” y “Sympathy for lady Vengeance”, intenta dejar en un segundo plano, que no eliminar, este tipo de escenas. A cambio, ofrece algunos planos con alta carga poética – como cuando él le ofrece a ella unos calcetines que al frotarlos le permiten volar hacia mundos imaginarios –  y otros con un peculiar sentido del humor – como las escenas en los que ella recarga su batería y se refleja en las uñas de sus pies, o cuando él consigue robar la habilidad “pin-ponil” de otro de los internados –.

Los actores están bien – al protagonista, Rain, lo podremos ver en el esperado regreso a la dirección de los hermanos Wachowski, con “Speed racer” –, la fotografía es bonita y de tonos cálidos, sobra algún secundario algo cansino y unos cuantos (bastantes) minutos de metraje y los efectos especiales están muy conseguidos, para redondear esas escenas oníricas en los que ella se ve a sí misma como cyborg. No sabría decir nada del resto de aspectos técnicos (sonido, montaje y esas cosas), y el que se encargó del vestuario tampoco se comió mucho la cabeza: pijama blanco para enfermos y enfermeros. 

En definitiva, la película es demasiado lenta para ser graciosa y demasiado absurda para ser conmovedora. Se queda en una especie de limbo (genérico y formal) en el que reina el aburrimiento, y del que sólo te sacan algunas escenas especialmente líricas, o especialmente impactantes, o una pequeña siesta en el caso de los débiles de espíritu.
Lo mejor: Las escenas oníricas.
Lo peor: Los momentos de tedio.
publicado por Heitor Pan el 18 marzo, 2008

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