La película es mediocre a más no poder, con una primera mitad muy floja, bastante tediosa y con momentos chistosos de lo tontos que son. Por ejemplo, la lucha a ciegas entre el malo, un Robert Hundar con una cara de palo que no puede con ella.

★★☆☆☆ Mediocre

Maciste, Gladiador De Esparta (Maciste, Gladiatore Di Sparta)

"Maciste se dedica a pasar el tiempo enfrentándose a gladiadores en el circo romano para disfrute del pueblo y de su comilón y un tanto atolondrado Emperador.
Un día conoce a una bonita cristiana, de la que se enamora. Los cristianos están perseguidos, sobre todo por la mano derecha del Emperador, el jefe de los soldados.
Maciste no dudará en enfrentarse a él con tal de salvar de la muerte en el circo a manos de los fieros leones, a los pobres cristianos".

Una de aquellas películas "de romanos", en los que un héroe mitológico, en este caso Maciste, es el indiscutible héroe de la función. Lou Degni, un campeón culturista nacido en Nueva York, tomó el relevo del mítico Steve Reeves, bien por edad, bien porque Reeves no podía interpretar el aluvión de películas del mismo pelo que se querían rodar por toda Italia.

El resultado fue aceptable dado que tampoco se requería unas innegables virtudes dramáticas, que tampoco las tenía Reeves. Mark Forest, algo soso y con el físico menos rotundo que su antecesor, cumplió sin más, siendo honesto con su trabajo.
La película es mediocre a más no poder, con una primera mitad muy floja, bastante tediosa y con momentos chistosos de lo tontos que son. Por ejemplo, la lucha a ciegas entre el malo, un Robert Hundar con una cara de palo que no puede con ella, y Maciste, o la lucha entre este último y un gorila entrañable que, aunque negro, parece el padre putativo de "Copito de Nieve".

Poco a poco, puede que por la belleza sin par de Marilu Tolo, o por la aparición de un grupo de gladiadores (unos quince o dieciséis y no 100 como el subtítulo en italiano dice en la publicidad) presos en las mazmorras, la cinta se torna más ágil y las luchas cuerpo a cuerpo, no nos engañemos, la razón de ser de los peplums, se suceden a buen ritmo. Hay algunos diálogos más bien ridículos, como el de Maciste y el cristiano simpático, hablando del miedo a la muerte:

– Maciste, me pasa una cosa curiosa, que a menudo tengo miedo a la muerte y a la oscuridad. ¿Tú tienes también miedo a la muerte?
– Sí, yo también, amigo mío.
– – ¡Ah, ya me quedo más tranquilo!

 y otros de un romanticismo tan ingenuo que acaba resultando a la vez vergonzante y simpático.

Una ambientación de andar por casa, bonita música, graciosa dirección artística, sencilla puesta en escena, con un grupo de personas bien situadas en las gradas de un pequeño circo romano haciendo las veces "del populacho", y unas interpretaciones resultonas en los personajes del cristiano simpático y del orondo y cruel Emperador Romano.

El resto, pura filfa.

Lo mejor: Sus últimos minutos, con las poquitas escenas de acción. La belleza de Marilu Tolo.
Lo peor: Algunos ridículos diálogos, casi toda la primera mitad.
publicado por Iñaki Bilbao el 15 marzo, 2008

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