La proposición no solo es vacua, predecible e insulsa, sino, por si fuera poco, carente de comedia y, sobre todo, carente por completo de romance.

★★☆☆☆ Mediocre

A esta altura debo sincerarme, las comedias románticas actuales me tienen harto. No por el género en sí, que ha dado grandes películas, sino porque hoy representa uno de los signos más claros del agotamiento del modelo americano. Por acción u omisión, las comedias románticas se han convertido en una masa homogénea que va de la híper reiteración de esquemas y elementos a la definitiva inconsistencia.

Tal vez La proposición podría haber sido un poco más interesante, aún con sus obviedades que la atraviesan de cabo a rabo, si no tuviese a una desgastada Sandra Bullock, apelando una vez más a sus típicos artilugios para la comedia, puestos en piloto automático, y con la única variación de que su personaje, en este caso, carece de la simpatía que desplegaban los anteriores. Aquí interpreta a una jefa autoritaria, terriblemente despótica, y capaz de someter a sus empleados a sus dictámenes y a sus constantes caprichos. Ryan Reynolds pone su mejor cara de bueno, o sometido, y entrega la mejor interpretación de la película, una actuación ajustada, que se beneficia de su falta de acentuación expresiva (Reynolds no gesticula nunca y no pierde en ningún momento el control sobre su personaje).

Las situaciones más graciosas, casi las únicas, de la película ocurren al comienzo, cuando el pánico en los empleados pone en escena la tiranía de Margaret. La primera situación pretendidamente sorpresiva de la película, ocurre cuando los directivos le advierten a Margaret que será deportada a Canadá, ya que aún no regularizó su situación inmigratoria (pregunta al margen: ¿Un inmigrante ilegal puede llegar a un cargo tan importante en una empresa estadounidense?). Margaret entonces anuncia que se casará con Andrew, su asistente, para sorpresa de los directivos y del propio Andrew, aunque difícilmente esta sorpresa se traslade a los espectadores, ya que a esta altura conocemos infinidad de premisas por el estilo. La verdadera sorpresa, la única en toda la película, ocurre cuando Margaret se entera que Andrew no es precisamente un chico humilde de pueblo. Al menos esa sorpresa barre con la tradicional convención “citadina rica / pueblerino pobre” (ejemplo reciente: Ejecutiva en apuros). A partir de allí, el resto viaja por los mismos carriles que todas las comedias románticas actuales.

Pero esto no es lo peor de este mediocre exponente de su género. Lo más triste no es su enorme previsibilidad, que la colocaría en el mismo lugar que todas las comedias románticas, sino su enorme inconsistencia. Premisa básica del género: Una comedia romántica debe escenificar el amor de la pareja protagónica. Imagínense una comedia romántica donde esto no suceda. Bueno, en La proposición hay una dupla que se odia durante el 90% de la película (80% de este tiempo, con esa dupla haciéndose pasar por futuro matrimonio), mientras que en el 10% restante, el pobre Andrew “se da cuenta que la ama”, y la va a buscar. Ahora, ¿cómo se da cuenta el espectador que ahí hay amor, más allá de los códigos universales que nos dicen “esto es una comedia romántica”, si el romance como tal no se despliega en ningún momento? Para ello, finalmente Andrew le declara su amor apelando a un discurso explicativo, mucho más necesario para el entendimiento del espectador que de la protagonista, recurso viejo, idiota y fundamentalmente revelador de una total falta de pericia a la hora de desarrollar un romance incipiente. No nos equivoquemos, un par de miradas después de tropezar desnudos no hace que una pareja se enamore, así que esa resolución a las apuradas deja en claro que La proposición no solo es vacua, predecible e insulsa, sino, por si fuera poco, carente de comedia y, sobre todo, carente por completo de romance, algo que solo puede provenir de su base, de su guión, y que de ninguna manera podría arreglarse con dos actores interpretando sus roles de la mejor manera posible o desplegando un fuerte magnetismo mutuo, dos elementos que aquí aparecen a medias, salvo por la habitual solvencia del ascendente Ryan Reynolds.

Lo mejor: Ryan Reynolds
Lo peor: Sandra Bullock en piloto automático, y una sorprendente falta de romance, que se acuerda de aparecer al final de la película.
publicado por Leo A.Senderovsky el 28 julio, 2009

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