Aquí relata una preciosa historia de respeto, amistad y amor, entre dos seres faltos de cariño, seres a quienes la felicidad resulta esquiva, pese a, sobre todo la chica, intentarlo una y otra vez.
Llenos de estupendos diálogos, divertida a veces, triste otras, resulta un trabajo enormemente atractivo, con un cuidado y esmerado trabajo de puesta en escena, con brillante fotografía en blanco y negro a toda pantalla, lográndose una profundidad de campo admirable que remarca la soledad y distanciamiento de sus personajes.
Con pocos, pero ricos mimbres, Leconte logra conmovernos durante todo el metraje, llegándose a un final simplemente maravilloso (quizás un poco previsible, sí).
Mención especial merece la gran interpretación (una vez más) de Daniel Auteuil, con gran economía de gestos, pero una mirada que lo dice todo. Auteuil ganó, por este gran trabajo, el César de Francia al Mejor Actor.
Lo mejor: La historia es preciosa.
Lo peor: Es previsible, pese a todo.
