La noche es nuestra es un thriller tenso, intenso y con grandes detalles que lo convierte en un film algo inusual y por ello es digno de ver y apreciar, empezando por un reparto entregado (flojea Mark Whalberg), un trabajo fotográfico sobresaliente y terminando por una puesta en escena muy trabajada. Cabe señalar el haber escogido al excelente compositor polaco Wojciech Kilar para componer la banda sonora, que se deja escuchar en varios momentos de la película junto con una buena selección de canciones de la época.
Dos hermanos, cada uno a un lado de la ley, se enfrentan al surgimiento de las mafias de la droga. Uno de ellos está prácticamente dentro y el otro, junto al padre de ambos, son los jefes de policía encargados de perseguir el rastro de la droga y sus vendedores. En un momento en el que las fuerzas del orden se ven superadas por el crimen, ambos hermanos tienen pocas opciones, y algunas de ellas no las escogen voluntariamente.
Desde el primer fotograma podemos ver una película auténtica y sin concesiones, pero su máxima expresión llega en el tratamiento de la violencia y la acción, bien dosificada y repartida y que consigue impactar por su planificación y detalle: brutal pero con mucha originalidad. Posee una de las mejores persecuciones de coche que he visto y, según el director en una interesante entrevista en Cahiers du Cinema, tiene su base en Los 7 samurais.
La noche es nuestra es una vuelta de tuerca al género policiaco y una emocionante historia sobre hermanos, las obligaciones familiares y las arriesgadas decisiones que debemos tomar para poder sobrevivir.
Lo mejor: El tono brutalmente realista.
Lo peor: En algunos momento decae el ritmo.
