Una primera parte demasiado lenta y deshilachada, con unas últimas escenas rayando el gore, insuficientes para los que busquen emociones fuertes y quizá demasiado explícitas para los que quieran solamente una trama policíaca.

★★☆☆☆ Mediocre

Waz

Existen puntos de partida clásicos para ciertos géneros a partir de los cuales pueden salir películas de calidad muy diferente. En la comedia romántica es un clásico el malentendido de la pareja y la búsqueda del reencuentro, en el terror el aislamiento de un grupo de personas perseguidas por un ente maligno, en el cine de aventuras el viaje iniciático del joven protagonista y así pasando por un montón de géneros definidos por clichés más o menos recurrentes.

En el thriller es común el asesino con motivaciones, el psicópata que va dejando pistas a la policía para que intente descubrirlo, el duelo intelectual entre las fuerzas del bien y las del mal, las trampas en el guión que proponen un juego entre el espectador y el director, el final sorprendente en el que el asesino gana o pierde la partida. Bajo esta premisa han salido buenas películas como “El silencio de los corderos”, “Seven” o “Los crímenes de Oxford” y también grandes y numerosas cagadas (cada cual que ponga en esta categoría las que considere, hay para elegir).

En el caso de “WAZ”, el resultado es un poquito de cal y un poquito de arena. Una buena idea llevada a cabo por un director que pretende imprimir un ritmo a base de planos cortos y cámara en mano que consiguen marear al espectador demasiado a menudo, pero que por momentos consigue, a base de buenos actores, un nivel de complicidad e interés algo elevado.

En el distrito del cínico detective Eddie Argo (Stellan Skargard) empiezan a aparecer una serie de asesinatos con una serie de rasgos en común. Las víctimas aparecen de dos en dos, dichas parejas siempre parecen tener profundos vínculos, en una de las dos víctimas siempre aparece grabada en la piel una especie de fórmula matemática y casualmente, todas están relacionadas con una pandilla de barrio.

Eddie y su nueva ayudante Helen Westcott (Melissa George) deberán seguir la pista dejada por el asesino y tratar de solucionar el difícil caso, descubriendo al fin que tendrá implicaciones más personales de lo que pensaban.

La película tiene ese aire oscuro que se ha instalado en el género desde que “Seven” salió a la luz, pero en este caso, tanto la cámara nerviosa de la que hablábamos, como el tono general de la cinta, no consiguen ofrecer el mismo resultado. A pesar de que los actores están correctos, en algunas partes del argumento se les ve desorientados, como si no se llegaran a creer su papel.

Todo mejora a medida que se aproxima al desenlace, donde el sadismo se apodera del tono de la cinta y pasa del thriller al terror en algunos tramos en los que, una inquietante Selma Blair, se hace con las últimas escenas con un papel sádico y triste que es de lo mejor del film. Es en ese final cuando más sufrimos y más nos identificamos con los protagonistas, a pesar del giro final, algo cogido por los pelos.

En definitiva, una primera parte demasiado lenta y deshilachada que existe sólo como una excusa para llegar al último golpe de efecto, con unas últimas escenas rayando el gore, insuficientes para los que busquen emociones fuertes y quizá demasiado explícitas para los que quieran solamente una trama policíaca.

Lo mejor: El personaje de Selma Blair.
Lo peor: La primera parte, lenta y deshilachada.
publicado por Heitor Pan el 4 marzo, 2008

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