Más rápido que una bala… más potente que una locomotora… capaz de convertir las pistolas en plátanos… “”¡Mirad, arriba en el cielo! ¡Es un pájaro! ¡Es un avión! ¡No, es un muñeco suspendido por hilos! ¡Es Supersonic Man!””

★★☆☆☆ Mediocre

Supersonic man

"Más rápido que una bala… más potente que una locomotora… capaz de convertir las pistolas en plátanos… "¡Mirad, arriba en el cielo! ¡Es un pájaro! ¡Es un avión! ¡No, es un muñeco suspendido por hilos! ¡Es Supersonic Man!" Sí, es Supersonic Man, extraño visitante de otro planeta que llegó a la Tierra con poderes y habilidades muy superiores a las de los mortales. Supersonic Man, que puede levantar un tractor de cartón piedra con sus manos desnudas y que, camuflado como Paul (un tranquilo detective neoyorquino), lucha su batalla interminable por la Verdad, la Justicia y el estilo de vida bizarro.”
Supersonic Man fue la respuesta española al gran éxito que cosechó la película Superman a finales de los setenta, claro que en ésta no hubo ni el lujo de la producción americana, ni el buen hacer de Richard Donner, pero sí ese par de cojones que le puso Juan Piquer Simón, director que tiene en su currículum películas tan inquietantes como “La Grieta” o “Slugs, muerte viscosa”.
Cuando no es un musculoso superhéroe, Supersonic Man es Paul, un señor con bigote que no tiene ni media hostia, el cambio es de veras increíble, más sorprendente incluso que el de Michael Keaton en Batman. Para que el cambio ocurra y Paul pierda el bigote y obtenga superpoderes, debe decirle a su cutre-reloj-calculadora el siguiente mantra: “Que la fuerza de las galaxias sea conmigo” y pumba, empiezan los efectos lumínicos, la cancioncilla disco-funky-mega-fashion y Paul se sienta en el banquillo de los reservas para que el Lou Ferrigno de turno enseñe cachas, vuele con unos efectos tercermundistas y haga trucos de magia a lo Juan Tamariz.
Todo en la película es cutre y salchichero, el robot a pilas que parece una cafetera tuneada, el mad doctor pasado de vueltas que entre insultos y risas maléficas va citando a Shakespeare o Julio César, los efectos especiales, incluso Nueva York parece cutre, ya que giras un par de esquinas y te encuentras en Alicante. A Paul y Patricia (una Lois Lane de Cine de Barrio) los intentarán matar tropecientas veces mientras todo, y digo todo (coches, casas, yates, islas, naves), explota a su alrededor, pero en ningún momento perderán las ganas de fiesta, el humor para salir a cenar, beber champán y pegarse unos bailoteos y unos morreos.
publicado por Cecil B. Demente el 2 marzo, 2008

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