Un modo diferente de hacer cine, sin duda, mucho más cerca de una concepción puramente artística que de los formalismos del celuloide.

★★★★☆ Muy Buena

La Escafandra y la Mariposa

Dirigida por el francés Julian Schnabel y protagonizada por Mathieu Amalric, Emmanuelle Seigner, Marie-Josée Croze, Anne Consigny, Patrick Chesnais, Niels Arestrup y Olatz Lopez Garmendia, La escafandra y la mariposa se encuentra nominada a nada más y nada menos que cuatro Óscar: mejor dirección, mejor guión adaptado, mejor fotografía y mejor montaje.

Le Scaphandre et le papillon está inspirada en la novela homónima escrita por Jean Dominique Bauby como consecuencia de un accidente en diciembre del 1995 que lo proyectará en el universo del "Locked in Syndrom" (encerrado en sí mismo). Totalmente paralizado, no pudiendo moverse, comer, hablar, ni respirar sin asistencia, el antiguo redactor en jefe de la revista Elle dicta entonces letra por letra parpadeando con su párpado izquierdo una especie de carné de viaje inmóvil.

Lejos de servirse del fácil recurso de la biopic emotiva que suele terminar degenerando en un dramatismo de lágrima fácil, Julian Schabel construye en La escafandra y la mariposa una verdadera maravilla visual, una suerte de poema repleto de matices en el que dolor, esperanza, ira, humor, frustración, alegría, miedo y aceptación se entremezclan en una fábula tremendamente positiva.

Con una interpretación soberbia de Mathieu Amalric -el futuro enemigo de James Bond-, que a pesar de pasarse tres cuartos de película tan sólo parpadeando logra que comulgemos con su personaje gracias, por un lado, a una omnipresente voz en off informal a la par que intimista y, por otro, a unos flahsbacks cada vez más predominantes a medida que el metraje avanza, La escafandra y la mariposa consigue ponernos en la piel de su protagonsita gracias a una
cámara subjetiva empleada en la medida justa, sin llegar a cansarnos en ningún momento.

Y es que una de las mayores virtudes de la película de Julian Schnabel reside en la armonía de su montaje, que fluye con una delicadeza inusitada por nuestras retinas, transcurriendo con una celeridad pasmosa, sobretodo si tenemos en cuenta su argumento fácilmente maleable en favor del dramatismo emotivo. Por contra, La escafandra y la mariposa juega más con nuestras sensaciones que con nuestros sentimientos, fundiendo en un sólo ente lo onírico con lo mundanal, en una bellísima película repleta de alegorías.

Un modo diferente de hacer cine, sin duda, mucho más cerca de una concepción puramente artística que de los formalismos del celuloide.
publicado por Oscar Martínez el 15 febrero, 2008

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