No sólo es un tema que ha sido más que retratado en la gran pantalla, sino que de la manera que lo enfoca no aporta nada nuevo, ni tampoco emociona ni conmueve.

★★☆☆☆ Mediocre

La Escafandra y la Mariposa

Elprimerhombre no llega a comprender qué atrapó a Julian Schnabel de la historia de La escafandra y la mariposa. No sólo es un tema que ha sido más que retratado en la gran pantalla, sino que de la manera que lo enfoca no aporta nada nuevo, ni tampoco emociona ni conmueve.

 

La historia es la siguiente: Jean-Dominique Bauby, redactor jefe de la revista Elle, sufrió una embolia masiva a los 43 años que le dejó en coma durante tres semanas y que al despertar se dio cuenta de que estaba paralizado de la cabeza a los pies, salvo uno de sus ojos, del que aún conservaba su movimiento y con el que podía parpadear. A partir de ahí, en el hospital de Berk-Sur-Mer pensaron en ofrecerle una manera de comunicarse. Ordenaron el alfabeto con las letras más utilizadas y mientras las enfermeras le iban dictando las letras, él parpadeaba una vez cuando llegaba la letra que le interesaba y así podía llegar a formar una frase. Lo curioso es que con este método, el señor Bauby empezó a escribir un libro, el de La escafandra y la mariposa.

 

El título viene referido por lo que le ocurría al señor Bauby, “el síndrome de cautiverio”, un síndrome psicopatológico asociado a la disminución del nivel de conciencia. Es una parálisis total de los nervios cranianos bajos y de los miembros. La “escafandra” sería como la prisión que le tiene atrapado en sí mismo y la “mariposa” la libertad que sueña conseguir algún día.

 

Aunque con lo planteado hasta ahora ya es suficiente para opinar que la historia es bastante compleja para plasmarla en una película, he de destacar que su inicio es bastante acertado, porque el primer plano nos muestra el despertar del señor Bauby con la cámara subjetiva, metiendo al espectador en la piel del protagonista. Lástima que un cuarto de hora más tarde nos demos cuenta de que la cosa no cambia y que Schnabel empieza a repetirse y a caer en la futilidad con el repetido recurso del alfabeto, haciendo que la paciencia del espectador llegue a un límite máximo.

 

Durante el visionado de la película, me acordé de La senda tenebrosa, de Delmer Daves, en la que se utilizó la técnica de la cámara subjetiva para una operación de cirugía plástica, creando un nuevo rostro, el de Humphrey Bogart. Pero sobre todo pensé en Johnny cogió su fusil, de Dalton Trumbo, una película antibelicista, apología de la eutanasia, en la que el personaje de Timothy Bottoms es un soldado de la Primera Guerra Mundial que está amputado de brazos y piernas.

 

Lo más destacable de la película es una secuencia que conmueve un poco, en la que Bauby se deja llevar por la imaginación y lo más apreciable son las mujeres que rodean a Bauby, las actrices francesas Emmanuelle Seigner (Lunas de hiel, Frenético), Marie-Josée Croze (Las invasiones bárbaras, Munich) y Anne Consigny (No estoy hecho para ser amado).

 

No tengo muchas más cosas que decir, salvo que menciono por último dos buenos planos: uno, cuando lo lavan y la cámara está entre el agua y el exterior, combinando el movimiento de las manos, más lento cuando están sumergidas; y el otro, un plano que comienza con un contrapicado y acaba en la nariz de Bauby, donde está posada una mosca. Por lo demás, no os voy a invitar a ir a verla pero hay gente que se ha contagiado del amor a la vida que les ha producido esta película. A mí para nada. Y eso que ver llorar a ese pedazo de actor que es Max Von Sydow (que hace del padre del protagonista) debería conmover a cualquiera.

 

Un saludo!

publicado por elprimerhombre el 13 febrero, 2008

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