Muchos escribimos comentarios sobre películas españolas desde la resignación de que nuestro cine raya la mediocridad en la mayoría de sus obras. No hay que olvidar que de vez en cuando sale un producto más que correcto, pero éste no es el caso.

★★☆☆☆ Mediocre

Muchos escribimos comentarios sobre películas españolas desde la resignación de que nuestro cine raya la mediocridad en la mayoría de sus obras. No hay que olvidar, que como pasa en todos las cinematografías, de vez en cuando sale un producto audiovisual digno de admiración, y todos nos vanagloriamos por ello. Lo incorrecto, y lo que se debería de corregir, es encumbrar a películas de calidad normal o incluso mala hasta la cima de grandes obras del cine de este país donde vivimos. Haciendo odas a nuestro propio ombligo mugriento es imposible avanzar.

Un ejemplo de ello sería El orfanato, declarada hasta la saciedad por algunos como una de las mejores películas españolas de los últimos tiempos, cuando (por poner un ejemplo de su género y año) REC, sin ser una obra sobresaliente, superaba con creces su calidad, innovación y por supuesto el objetivo principal de toda película de terror: el miedo.
El otro ejemplo es más reciente, y lo comento porque vi la película hace unos días: Camino de Javier Fesser.
Algunos medios se han esforzado en tildar esta cinta como una película de culto, una crítica feroz a la retrógrada institución eclesiástica y/o una bonita historia sobre una niña con cáncer. Puede ser. A mí, sin embargo, no me ha parecido ninguna de las tres. ¿Por qué dices eso, insensato?. Muy sencillo.

No es una película de culto porque, a pesar de una correcta dirección e iluminación, tiene un fallo: un mal guión. Ya sabéis lo que se dice: con un buen guión se puede hacer una mala o buena película, en cambio, con un mal guión siempre se hará una mala película. El guión es malo aunque incluya algunas buenas ideas, pues se evidencia la inexperiencia en la construcción de una historia (pese a ser basada en una historia real) o de unos personajes por parte del director/guionista. Diálogos encorsetados se mezclan con otros tópicos (cañí y olé), una construcción de la historia un tanto desordenada (sin pretenderlo), referencias continuas y en ocasiones innecesarias a otras películas (véase: la cenicienta) y un desenlace metido con calzador, pues no se puede hechar mano de un recurso, pese a ser bueno, si el argumento no lo exige así.
Se ha hablado mucho de la gran interpretación de los actores. No veo tal. Para mí, la única que raya a un gran nivel es la hermana de la protagonista, que nos transmite su prisión personal, y los secundarios (que ayudan a que el mundo de los hospitales quede muy bien retratado). Los demás: correctos o mal.

No es una crítica feroz al mundo del Opus dei porque aunque muestra algunos aspectos reales y denunciables, no lo hace (como de ello pretende convencernos Fesser) desde un punto neutral, sino que incluso desde mi punto de vista (el más anticlerical que puedas encontrar), es excesivamente ofensivo, tópico y paradójicamente adoctrinador.

No es una bonita historia de una niña con cáncer porque este no es el argumento principal de la película, y es quizás el principal problema de la cinta: no explota un argumento para transmitirnos todo sobre él, sinó que trata superficialmente diferentes aspectos. Innecesario mostrar las operaciones casi en plano detalle, por ejemplo. Busca ese recurso efectista (y en ocasiones aplaudible, véase: Mar adentro, Salvador) de la crudeza en la imagen, de hacer aflorar sentimientos en el espectador, pero no llega a conseguirlo. Si una historia de una bonita niña feliz que muere por un cáncer nos hace casi reír (por algunas ocurrencias del guión), en vez de emocionarnos, ahí hay algo que no funciona.
publicado por Iván Bickle el 30 julio, 2009

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