Curioso era que esta vez los protagonistas fueran personas, normalmente en las películas de Pixar jamás lo son, aunque tampoco renuncian a la tradición de hacer hablar a los animales, y la verdad la idea de los collares traductores de los perros es que me ha hecho gracia, supongo por que el perro que sigue a Carl y Russell ha sido mi personaje favorito de toda la historia.
Como muchos sabréis, la película trata sobre un hombre mayor que siempre ha tenido el sueño de ser un aventurero, y que a medida que va transcurriendo su vida va olvidándose del tema, mientras se hace mayor, cosa que comporta ir renunciando a dicha aventura. Finalmente, al morir su mujer y a punto de ser llevado a una residencia de ancianos, decide comenzar su sueño e irse a vivir a Sudamérica, pero con lo que no contaba era con que un niño llamado Russell llamaría a su puerta mientras su casa flotaba en el aire. Una vez en Sudamérica, a ellos se unirán una especie pollo y el ya comentado perro hablador.
Los primeros diez minutos son de los más intensos que he visto, narra toda su vida junto a su mujer, y la verdad es que emocionan, y es que Pixar ya sabe como tocar la fibra sentimental, posiblemente, son los mejores 10 minutos de toda la película, y en la resta de la película van apareciendo álbumes o objetos que e hacen volver a esos minutos iniciales… Aunque los demás no se quedan atrás.
El malo es esta vez un antiguo explorador tildado de farsante que vive en Sudamérica a la caza de ese pollo, aunque nadie sabe como es posible que siga vivo por su edad, ya entenderéis a que me refiero, la verdad es que hace un discurso/monólogo del que cualquier malo se enorgulleceria. Aunque evidentemente, no todo es seriedad en el filme, hay muchísimos momentos de risa en que me reí a carcajada limpia…
Finalmente, creo que esta mezcla de imaginación, experiencia de la vida (por parte de Carl), ilusión (por parte del niño) y risas, cumple con creces y será una de las entregas del año, aunque a mí parecer, no supera a la predecesora Wall-E.
Lo mejor: Los primeros diez minutos.
